2009
11.13

Estuve ausente estos días porque me encontraba enfrascado en un nuevo relato que a continuación os iré poniendo. Como es un poco largo y no quiero aburrir, lo subiré en tres partes entre estos días. Agradezco a Mayfair que me ayudó con toda la puesta en escena, reconozco que hasta ahora no sabía nada sobre cómo funcionaba un psicoanálisis.

El manzano

- Le quiero advertir que no creo en esto. -Su voz, grave de por sí, sonaba contundente. Tenía la mirada fija en el techo mientras hablaba y no parecía dirigirse a nadie en especial.- De hecho, soy de los que no entienden por qué se le considera una ciencia. Pero no encuentro ninguna solución, ¿sabe?, y ya no sé qué hacer. A tiempos desesperados, medidas desesperadas, como dicen. Pero yo no creo en esto.

La única oyente que tenía en la sala se limitó a sonreír amablemente, sin hacer ningún comentario al respecto. Debía rondar los cincuenta años, era esbelta y con un corto cabello rubio cayéndole detrás de los hombros. Lucía gafas negras de patas gruesas, un jérsei verde discreto y unos pantalones vaqueros. Se encontraba cruzada de piernas, sentada en una rústica silla de madera. Todo eso lo sabía porque la había visto antes de recostarse en el diván. En cuanto lo hizo, ella desapareció de su campo de visión, colocándose a la altura de su cabeza. El ambiente estaba inundado por un olor reconfortante que él no sabía reconocer con exactitud.

- Me estoy volviendo loco. -Sintetizó al rato. Ella alzó las cejas, ligeramente sorprendida, pero siguió sin aportar nada al monólogo.- No me cree. Esta así de callada por eso, no cree que realmente me esté quedando majara. Piensa que exagero, ¿verdad? -Lanzó un suspiro apesumbrado e impotente, cruzó sus dedos a la altura de su estómago y cerró por un momento los ojos.- Yo también opinaba así al principio. Me decía, “no exageres, sólo es una época rara”. Y una mierda.

Naturaleza. Definitivamente, le evocaba naturaleza. Bosques, prados, algo así, pero no era capaz de especificar más sobre el olor que le invadía. Eso le producía sentimientos encontrados: por un lado, la sensación que provocaba le agradaba, pero, por otro, detestaba no entender algo. Lo desesperaba. Se removió inquieto en el diván y pasó su pierna izquierda por encima de la derecha. Miró a su escaso público por encima de las gafas, parecía distraída, casi pensando en otras cosas. Cada vez estaba más convencido de que perdía el tiempo. Pero no se iría. No después de haber pagado la sesión.

- Soy informático. Bueno, no, en realidad me licencié en matemáticas. Pero trabajo de informático, como la mitad de los que hicieron mi carrera. Estoy contratado por una empresa de desarrollo software y, modestia aparte, soy muy bueno en lo que hago. -Explicó concentrando su vista en el blanco techo, a juego con las paredes de la sala.- El otro día nos llegó un nuevo proyecto: tenemos que crear una aplicación de tratamiento de vídeos e imágenes 3D para una compañía de animación. Lo debemos hacer para la plataforma Apple. No es nada fuera de lo común ni especialmente complejo. Pero desde que nos lo asignaron, estoy bloqueado. Soy incapaz de hacer nada. Y no entiendo por qué. -Definitivamente, odiaba no entender las cosas.

Giró la cabeza a su derecha. En primer plano, había un escritorio, de madera lustrosa, con un ordenador portátil en una esquina, un conjunto de papeles aparentemente sin orden alguno en el medio y un lapicero negro con sólo un bolígrafo en la otra punta. Si alzaba los ojos, podía ver el comienzo de una extensa biblioteca apoyada sobre la pared que tenía frente a su cabeza. Intentó, en vano, conseguir adivinar el título de alguno. Si los alzaba aún más, conseguía distinguir la punta de los zapatos de la analista, ligeramente elevado del suelo, como si estuviese cruzada de piernas. Tampoco es que le importase, seguramente eran libros abstractos sobre psicología. Nada serio, realmente, pero su curiosidad siempre había sido grande.

- Lo interesante de todo esto, es que durante el resto del día sigo igual que siempre. Pero es llegar al trabajo, sentarme frente al proyecto y ¡zas! Me quedo bloqueado. Soy incapaz de escribir una sola línea. Mis compañeros ya no saben qué hacer.

En esta ocasión volvió la cabeza a su izquierda. Se encontró con un ventanal cerrado cubriendo casi toda la pared. A través de él, se podía ver la concurrida avenida que había cinco pisos más abajo. Los coches pasaban a una velocidad tan alta que apenas eran saetas de colores difusos ante sus ojos. A esa hora de la tarde, las seis aproximadamente, las calles estaban abarrotadas de gente yendo de un lado para otro y entrando y salido de las tiendas que decoraban el camino. Tanta actividad frenética lo abrumaba, dirigió su mirada de nuevo a la analista, sin saber exactamente dónde posarla. Menuda pérdida de dinero más tonta había hecho, desde luego.

- Sí, sólo entonces me pasa. -Parecía más bien estar retomando una conversación consigo mismo.- Todo el tiempo restante soy el mismo chicharachero de siempre. -Se removió inquieto en el sofá, no parecía especialmente cómodo. Levanto la espalda y pasó por debajo de ella su mano derecha, queriendo alisar los molestos pliegues del diván. -Sé que posiblemente me pida que asocie este fenómeno con algún cambio reciente que lo explique. -Dijo con cierto tono burlón después de un suspiro resignado, al ver cómo seguía su interlocutora sin emitir ninguna palabra.- Es lo que hacéis vosotros. Pero no hay ni hubo ningún cambio, mi vida es sencilla. Soy un hombre sencillo. -Exclamó con énfasis y volvió a mirar el techo.

- ¿Qué le hace pensar eso de mí?, ¿no habrá realmente, quizá, algo con que asociarlo? -Era las primeras palabras que pronunciaba en toda la sesión. Lo hizo con una voz un tanto débil, pero no por ello menos segura. No cambió nada en su posición mientras lo hacía.

- Claro que no, se lo acabo de decir. Yo no miento. -Le contestó contundente, mientras volvía a recostarse.

Ella alzó las cejas y un nuevo silencio se hizo entre los dos. Mientras la analista permanecía inmutable, él continuaba moviéndose a un lado y otro intentando encontrar la posición idónea. De vez en cuando tiraba los ojos hacia atrás intentando verla.

- Venga, vale, en algo sí mentí. -Dijo finalmente al tiempo que por fin se quedaba quieto. Estaba exactamente igual que al principio.- No sólo me pasa entonces. -Reconoció levantando la palma de las manos a la altura de su rostro.- A veces me sucede cuando voy de compras, por ejemplo. O cuando me despierto luego de tener algún sueño extraño. Pero son nimiedades, esas cosas no me importan. Me importa no ser capaz de hacer mi trabajo como antes. -Se puso a mover los labios en círculos mientras tamborilleaba los dedos sobre su estómago.

- ¿Y recuerda alguno de esos sueños?

- No. -Respondió casi indiferente al ritmo que marcaban sus manos.

- Si recuerda que soñado, debe recordar algo de su sueño. ¿Por qué no me habla de ello?

- ¿No le dije que no me los acuerdo? -Se sintió tan irritado ante la insistencia, que olvidó seguir golpeteando sus manos.- Sólo me viene a la memoria la figura de un árbol.

- ¿Cómo era el árbol?

- Grande. Monstruosamente grande y aterrador. Aunque sin dejar de ser algo majestuoso. Además de muy frondoso. -Resumió en unas pocas palabras que le salieron casi contra voluntad.- ¿Vio qué pareado?, últimamente las rimas me salen solas.

- ¿Y daba algún tipo de fruto?

- Pues fíjese que sí. Verde. Yo diría que peras. Manzanas quizá.

Nuevamente volvieron a estar en silencio. Ella lo miraba con atención, mientras él parecía estar distraído tarareando una canción, como ajeno al desarrollo de la sesión a la que hasta hace un momento parecía decidido a dar vida. En esta ocasión fue la analista quien retomó la conversación.

- Retomemos, pues, lo que tenemos hasta ahora que lo bloquea: Un sueño con un manzano, el mercado donde realiza sus compras y el proyecto que lo bloquean. ¿Qué punto común le encuentra a estas tres cosas?

Él se quedó en silencio durante un rato. Parecía algo nervioso, se removía de vez en cuando y no encontraba un sitio donde dejar las manos y que éstas no le molestasen.

- ¿Las manzanas, quizá? El logotipo de Apple, la fruta… -Insinuó finalmente.- Si lo sabe, ¿para qué me hace decirlo? -Su voz denotaba un deje de irritación. Luego de unos segundos sin decir más, comentó:- Siempre les tuve aversión, la verdad.

Ella sonrió y calló de nuevo. Hizo un elegante cruce de piernas, alzando un poco las manos sin despegarlas entre sí. Estiró su espalda antes de seguir hablando.

- Al principio de la sesión noté que olía con interés el aroma de la sala. -Dijo cambiando radicalmente el tema.- Uso un ambientador muy caro, ¿sabe? Dígame, ¿le gusta?

- Sí. -Respondió casi al instante.- Sí, supongo que sí.

- Pues es olor manzana. -Comentó inclinando ligeramente la cabeza hacia la izquierda y levantando los ojos para mirarlo por encima de las gafas.

- Fíjese que ahora ya no me agrada tanto. -Resopló al cabo de un rato de silencio.

- Ha acabado nuestra sesión por hoy, me parece. -Sonrió ella.

2009
10.27

“- A veces -dice Denny y se sobre la nariz- me parece

que quiero ser golpeado y castigado. No me importa

que ya no exista Dios, pero quiero seguir respetando

algo. No quiero ser el centro de mi Universo.”

Asfixia, Chuck Palahniu.

No fumo. No bebo. No consumo ningún tipo de droga. De hecho, considero que tengo un único vicio: el arte. Soy un asqueroso yonkie de arte. No puedo vivir sin mi libro semanal que leer (a veces tampoco sin escribir), sin una peli entretenida que ver, sin ir a ver un concierto de vez en cuando o escuchar un buen disco nuevo. Y como consumidor de arte que soy, conozco mis gustos y necesidades. Sé cómo me afectan según qué tipo de obra en mi estado anímico según mi humor. Por lo general, tiendo a, en vez de buscar armonía entre mis sentimientos, amplificar lo que siento. Por ejemplo, si estoy especialmente vitalista sé que escuchando a Hernan Oliva esa sensación se multiplicará. Últimamente me siento raro y con una extraña sensación de no saber qué hago, así que además de escuchar The Wall hasta la saciedad (concentrándome en Confortably Numb), decidí que me compraría Asfixia, del autor del Club de la lucha, cuyo libro y peli me encantaron, un nihilista pesimista declarado.

Y cada vez estoy más seguro de que no sé a dónde voy. La mayor parte de la sociedad ha decido matar a Dios. Estamos en una época que si por algo se caracteriza es por falta de fe. Ya no nos sirve de nada si tenemos un montón de productos que consumir insaciablemente, si tenemos un desarrollo científico que explique todo lo que nos rodea y el pensamiento racional se impuso sobre todos nosotros. ¿Para qué necesitamos una guía clerical? Si nos hablan de Dios, los mandamos a rezar, no queremos saber nada de promesas metafísicas y nos enterramos en lo material y físico. Pero se nos presenta un pequeño problema: el lugar que antes ocupaba nuestra deidad ahora está vacío. Ya no hay nada en el mundo aparte de nosotros y el resto y sólo podemos confirmar nuestra existencia. Estamos solos, pues asesinamos a nuestro ¿imaginario? guía. Y con algo tenemos que llenar el vacío que dejamos ante tan drástica decisión. Porque es inevitable, hemos acabado con nuestro salvador y volvemos a estar expuestos al peligro, ahora sin conssuelo de que algo más allá de nuestro entendimiento nos protegerá y completamente expuestos al exterior. ¿Quién nos salvará ahora?

¿Con qué acabamos ocupando ese espacio en blanco?, ¿con qué nos llenamos? Los personajes de Asfixia, con actitudes compulsivas: las drogas, el sexo, el peligro o el aislamiento en una realidad inventada (en este caso, la América colonial del siglo XVIII). Así consiguen sentirse de nuevo plenos, cuando tienen un orgasmo, están colocados, al borde de la muerte o esquilando una oveja, dejan por un segundo de estar solos en un mundo hostilmente racional. Por un segundo nada de todo lo demás importa. En conclusión, acabamos llenándonos con nada. Si convertimos esa necesidad en una pura “nada”, al final nuestra sensación de vacío desaparecerá. Una solución fácil para un problema complejo. Si consigues no pensar en el problema durante unos segundos, éste desaparece momentáneamente, ya no te molesta, no hay crisis existencial. Y resolvemos uno de nuestros inconvenientes. Pero seguimos perdidos y expuestos, seguimos necesitando ser salvados a cada segundo, necesitamos que alguien acuda a nuestra ayuda para poder quitarnos de encima esa molesta sensación. Y gritamos para ver si hay alguien fuera de nosotros mismos que pueda oírnos.

Así me siento últimamente. Vacío. ¿Con qué lo lleno?, ¿con los libros que leo cada semana?, ¿las películas que veo?, ¿la música que escucho?, ¿las matemáticas que cada vez me encandilan más? ¿Qué tengo que hacer para llenar el vacío existencial que me rodeo y dejar de ser el centro de mi propio Universo?, un Universo que, por ende, está tan falto de contenido como el resto de mí. ¿Dónde quedaron mis metas y sueños que antes, con la dulce inocencia de años anteriores, poblaban mi mente?, ¿desaparecieron, como dice Pink en Confortably Numb, cuando el niño interior creció?, ¿cuándo se quitó por fin la venda de la inocencia y vio la realidad?, ¿cuándo se dio cuenta de que el esfuerzo no garantiza nada y las promesas intrínsecas de maravillas que oía desde pequeño eran falsas?, ¿cuándo vio que realmente el esfuerzo no te garantiza nunca nada? Y lo que quizá sea más importante, ¿con qué se supone que tengo que llenarlo?, ¿con nuevos objetivos?, ¿objetivos míos o los que otros desean para mí?, ¿por qué no sé qué quiero para mí? Todos llevamos puesta una máscara con la que nos presentamos al mundo, pero ¿qué hay detrás de la mía?

2009
10.24

Una de las peores cosas que te puede pasar en la vida, es despertarte y darte cuenta de que no eres tú. De repente, ves tus actos y tus gestos, oyes tus palabras y pasos, hueles tu olor, te sientes y ya es imposible negarlo, aquel que habla con tu boca, gesticula con tu rostro, come con tu cuerpo o lee con tus ojos es otro. Al principio cuesta creerlo, como es lógico, al fin y al cabo, ¿quién espera ser relegado de sí mismo?, ¿cómo es eso? Así que intentas buscarle una explicación lógica: estás en un mal sueño, todo son imaginaciones tuyas o una simple exageración de un mal momento. Pasas días buscando escusas que justifiquen la situación mientras algún desaprensivo aprovecha y usa tu figura a su antojo.

Pero hay cosas que son innegables y tarde o temprano caes en la cuenta de que, lo quieras o no, las cosas son así. Ya no lo niegas, pero eso no quiere decir que no sigas buscándole un motivo. ¿Será culpa de algún alma vagabunda decidida a quitarte lo que es tuyo?, ¿un castigo divino por romper sus mandatos?, ¿¡un mago!? Al fin y al cabo, ahora todo te parece posible. Mientras dejas que todas estas cuestiones te inunden con una sensación de impotencia, comienza a despertar la ira, ahí afuera hay alguien que se encuentra usando tu cuerpo y lo peor de todo es que nadie se da cuenta. Ninguno es capaz de darse cuenta de que están hablando con el hombre equivocado, ése no eres tú, se parece y es innegable la igualdad física, pero te es imposible hacerte a la idea de que ninguna de las personas que te rodean te conozca lo suficiente como para caer en la cuenta de que no están contigo, sino con un mero impostor. Y lo único que puedes hacer es detenerte a mirar cómo actúa, atado de pies y manos.

Eso te lleva a más dudas. Si ellos no pueden percibirlo, ¿por qué ibas a poder tú?, ¿cuánto tiempo llevabas siendo el equivocado sin darte cuenta?, ¿desde cuándo?, ¿fue quizá después del accidente?, ¿antes de que ella llegase, de que se fuese o luego de que desaparezca?, ¿no habrá sido así desde el principio? Sientes una increíble desesperación asomar por cada uno de los poros de tu piel, has caído en la cuenta de que nunca fuiste tú mismo. Decides que es hora de tomar, de una vez por todas, las riendas de tu vida. Y comienzas a luchar con todas las fuerzas que te quedan contra aquel impostor que te ha usurpado el puesto. ¿Para qué?, ya es tarde. Al final sólo consigues agotarte y darte cuenta de que todos los intentos fueron en vanos. Iluso de ti, creías poder luchar contra esa fuerza superior que te había revocado de un puesto que quizá, nunca te habías merecido.

Porque al fin y al cabo, tanto que repites una y otra vez no ser tú, ¿sabrías decir, por el contrario, quién sí eres?, ¿qué eres?, ¿acaso lo que te gusta?, ¿lo que estudias?, ¿lo que necesitas?, ¿lo que lees?, ¿lo que escribes?, ¿lo que piensas?, ¿lo que anhelas? Y si, pese a todo, ¿no te gusta, ni estudias, ni necesitas, ni lees, ni escribes, ni piensas, ni anhelas nada?, ¿entonces eres sólo vacío? Si ni siquiera puedes responder a qué esperas de ti mismo, ¿cómo serás capaz de darte cuenta si eres lo que esperan de ti el resto?, ¿por qué sigues intentando catalogar tus acciones como ajenas cuando no sabes qué es tuyo? Pudiera ser que fuésemos nuestros sueños, nuestras metas y nuestros objetivos. Pero los sueños se fueron cuando creciste y dejaste de ser un niño, tus metas son difusas y no tienes objetivos claros. Entonces, ¿a qué te reduces?, ¿a una masa de carne que para colmo no está guiada por ti? Madura de una vez y asume las consecuencias.

Deja de darle vueltas innecesarias al asunto y resígnate de una vez a la realidad. ¿No te das cuenta? Él es mejor tú que tú mismo y nadie quiere conocer realmente tu verdadera cara, sólo la buena.

2009
10.07

Hace no mucho leí la siguiente iniciativa:

http://aldea-irreductible.blogspot.com/2009/10/la-ciencia-en-espana-no-necesita.html

Básicamente se trata de intentas entre todos los bloggers detener los recortes de presupuesto que el gobierno tiene pensado hacer en I+D en nuestro país.

No sé si los sabéis, pero mientras en otros países se invierte más de un 5% del producto interior bruto en investigación, desarrollo e innovación, en España no se llega al 3%. De hecho, una simple búsqueda en Google nos demostrará que en este país se invierte menos que en la empresa privada Ford. Increíble. Uno de los problemas estructurales que tiene la industria aquí es que, precisamente, no se invierte en investigación y nuestras empresas no son competentes con las del resto de países. Si a eso le sumamos que la relación empresa/universidad es nula, nos da como resultado que a pesar de estar viviendo la tercera revolución industrial, no somos capaces de hablar de tú a tú a otros países en términos de tecnología o ciencia. ¿Y cuál es la solución que propone el Gobierno frente a este problema? Recortar aún más el presupuesto que se invierte. Es de auténtica risa.

No sólo eso, los profesionales que sacan cada año las universidades de España, reconocidos mundialmente por cierto, si se quieren dedicar a cualquier trabajo que tenga que ver con la investigación y no se quieran ver sometidos a salarios escandalosamente bajos o condiciones deplorables, tienen que irse fuera. Estamos desaprovechando nuestra propia mano de obra, reconocida en otros países y en muchos casos con premios importantes, porque no somos capaces de invertir en algo que en un futuro no muy lejano nos será enteramente de utilidad. Cada día salen periódicos ensaltando a los grandes científicos e ingenieros que salen de nuestra cantera, pero lo que no dicen es que casi todos están currando en el extranjero porque aquí sería imposible que se dediquen a ello con las mismas prestaciones. ¿Cuál es la solución del Gobierno frente a este problema? Recortar aún más el presupuesto que se invierte. ¿Es o no es de risa?

En fin, sinceramente, espero que esta iniciativa prospere y nuestros dirigentes se replanteen la situación a tiempo.

2009
10.03

Siguiendo con la temática de ayer, el conocimiento, tengo ganas de postear una visión algo más general sobre la misma. Es algo en lo que pensé mucho y una imagen de la epistemología que por un motivo u otro siempre ronda mi cabeza. Concretamente, me hizo volver a pensar en esto un término que usé la entrada pasada: “red de mentes”. Me gusta imaginar la realidad como un conjunto de mundos que interactúan entre sí. Así, habría dos tipos: del primero sólo existe uno y podríamos llamarlo, “el mundo de lo real”, donde todo lo que hay es cierto, es mundo de los sucesos crudos y duros, sin ningún aditivo más. El segundo tipo tiene infinitos y son los “mundos de la mentira”, no creo que haga falta explicarlos, son aquellos que difieren del primero por un motivo u otro.

Cada uno de nosotros, de nuestras mentes, vivimos en un mundo de los del segundo tipo. Ninguno es igual entre sí y están todos en constante cambio. Todas las cosas que hacemos le afecta y lo modifica. Además, por cada uno de los objetos que hay en el mundo real, estos mundos de mentira tienen una imagen propia similar, pero modificada de un modo particular. Así, todos tenemos una imagen de las otras personas distinta a la que tiene el resto y la que es en el mundo original. Por otra parte, cada uno de los mundos tiene información propia referente al real que no tienen los otros y aquí es donde entra en juego la relación que hay entre ellos: cada mundo da al exterior unos datos, es decir, cada vez que oímos a alguien o lo vemos actuar, sacamos información de estos.

Así, a medida que crecemos, vamos ampliando los horizontes de nuestro mundo, buscando una y otra vez intentar que sea una copia lo más fiel del original. Ése es nuestro objetivo, recopilar información de todos los lados posibles para conseguir aclarar todas nuestras dudas sobre la realidad. Por esto mismo, se puede decir que nuestros mundos están en constante movimiento y crecimiento, pero que no siempre eso nos hace acercarnos más al del primer tipo, sino que a veces los datos que extraemos de nuestro entorno son erróneos. En consecuencia, tendremos conocimientos falsos que exteriorizaremos a otros, generando un efecto bola de nieve de desinformación bastante interesante.

Y nuevamente volvemos a lo mismo, es imposible que uno de estos mundos llegue en algún momento a ser igual que el original. Así que sencillamente, éste en realidad no existe, perseguimos una ilusión vana todo el tiempo. Así que cabe preguntarse, si ese mundo primogenio no es más que una fantasía, ¿qué es real?, ¿qué es falso? Pues la respuesta es mucho más simple de lo que parece: todo es real. ¿Por qué es menos cierta la imagen que tiene de mi madre de la que tiene mi ex (bastante deteriorada, todo sea dicho) a pesar de ser las dos radicalmente distintas si ambas contienen una parte de verdad?, ¿por qué esas dos son menos ciertas que la imagen que yo tengo de mí mismo? En cuensecuencia, no puedo evitar preguntarme, ¿cuántos “yos” hay perdidos entre la multitud de mundos que conforman nuestra sociedad?, ¿se morirían todos conmigo?, ¿hasta cuánto perdurarán?, ¿mi mundo acabaría cuando lo haga mi mente? Y si es así, ¿adónde iría todo lo que fui recopilando hasta entonces?, ¿sencillamente se desvanecería en el caos que conforma el universo? Si este va a ser el resultado, ¿por qué seguir una y otra vez intentando imitar algo que realmente no existe para que luego todo nuestro esfuerzo se deshaga sin más?

2009
10.02

Una de las preguntas que siempre me he hecho es si realmente existe la verdad como tal. Y hoy, a causa de un pequeño conflicto personal, he vuelto a cuestionarme esto. Antes de empezar a divagar sin rumbo fijo, prefiero aclarar términos para que todos estemos pensando en lo mismo: cuando digo “verdad” me refiero a cualquier cosa objetivamente cierta. Es decir, una creencia que es auténtica fuera de toda duda, la más cruda esencia de la realidad. Cuando digo mentira, me refiero a cualquier otra sentencia que tenga aunque sea una fracción de equívoca. Quiero dejar claro que son términos abstractos y que intento englobar con ellos todas las afirmaciones posibles, aunque en esta entrada lo centraré todo en un aspecto: la información.

Usemos una metáfora para ponernos a meditar: siempre me gustó pensar que el conocimiento es como el reflejo que vemos en un espejo. En él, nuestra imagen es el factor subjetivo de lo que conocemos, así, cuánto más espacio ocupamos, menos objetivo será lo que sepamos. Entonces, cuanto más nos acercamos a lo que queremos saber, cuantos más detalles ambicionamos encontrar, nuestra imagen más espacio cubrirá. Si no queremos esto, debemos alejarnos del espejo lo máximo posible, ir tan al fondo como seamos capaces y volver a mirar. Así, nosotros seremos muchos más pequeños en él y todo lo demás muchísimo más amplio. Pero todo tiene sus límites, es imposible ver todo lo que nos rodea, por ejemplo, y cuánto más queramos abarcar, con menos detalles veremos el reflejo. Además, nunca lograremos eliminar nuestra propia imagen de él, por más que nos esforcemos, es imposible sacudirnos de nuestra propia opinión y obtener una visión objetiva todo lo que haya.

Así que, ¿cómo podemos afirmar que existe algo objetivamente cierto, lo que sea? Cuando nos dicen un secreto, por ejemplo, para nosotros es veraz al cien por cien, pero algún otro que puede tener una imagen distinta del mismo y estará igualmente convencido de que es real. Ambos tendríamos motivos para creer que lo que sabemos es correcto, pero la información puede ser contradictoria entre sí. Si además no podemos conocer nunca todo, es evidente que nunca llegaremos a saber la verdad. Así que ya vamos avanzando, no sabemos si la verdad o la mentira son auténticas, pero sí sabemos que sólo sabemos mentiras con distintos grados de verdad. El siguiente paso sería cuestionarnos si es posible la existencia de algo que no somos capaces conocer: ¿Cómo sería concebible que haya algo que no podemos tocar (con el pensamiento, se entiende)?, ¿existe algo más allá de la red de mentes subjetivas?, ¿una sustancia inherente que podríamos llamar verdad? Yo soy nitzscheano, para mí todo lo que existe es alcanzable. Y lo que no lo es, sencillamente no existe. No nos engañemos con monstruos metafísico, las cosas reales se pueden tomar con las manos y con nuestro pensamiento.

Entonces, si no existe la verdad (y en consecuencia tampoco la mentira), ¿por qué nos apresuramos a condenar con una pequeña parte de toda la información que hay?, si sabemos que todas las afirmaciones tienen un sinfín de puntos de vista y de posibles interpretaciones, ¿por qué nos empeñamos en crear juicios teniendo sólo uno de todos esos hilos?, ¿por qué nos empeñamos en simplificar hasta lo absurdo todos los problemas que tenemos y nos da tan igual profundizar en ellos antes de hacer nada? Estoy seguro de que si todos nos esforzásemos en mirar al espejo desde todas las distancias posibles, analizando tanto los detalles como las ideas generales, antes de hacer nada de lo que luego podamos arrepentirnos, nuestras relaciones sociales serían mucho más fructíferas.

2009
10.01

Durante el auge de las monarquías absolutas se enseñaba en los monasterios que Dios elegía a los reyes para que gobernasen a los hombres, así su poder quedaba justificado por una intervención divina. Posteriormente, durante el régimen nazi alemán, las juventudes hitlerianas se encargaron de que los jóvenes de la época tengan presente la importancia de la raza aria y la inferioridad de los demás humanos. y sistemas políticos. Durante la dictadura de Stalin en la URSS, se enseñaba desde pequeños que su presidente era un ídolo y que cualquier otra forma de gobierno distinta al comunismo ruso era mala. Por suerte estos tiempo pasaron, estamos en la sociedad del librepensamiento, la libertad de prensa y la libertad de opinión. Ahora nadie puede decirnos qué está bien y qué está mal, porque somos autónomos en nuestra moral y capaces de discernir por nosotros mismos esas condiciones. Vamos, los habitantes del siglo XXI somos casi una especie superior.

O al menos eso dicen los libros de historia y ciencias sociales. Pero hoy he dado mi primera clase de la materia más parecida a Filosofía que daré en toda mi carrera: Ética para las TICs (Tecnologías de la información y las comunicaciones). Y salí con la sensación de que formar “formar trabajadores éticamente profesionales” será lo mismo a decir: “Hacer esto está mal”, “hacer esto está bien”. ¿Por qué está mal?, ¿por qué está bien?, ¿se pueden medir así las consecuencias de mis actos sobre otras personas? La idea, básicamente, es que cuando lleguemos a trabajar a una empresa, seamos informáticos “humanos”. Oye, parece un objetivo noble, pero ¿cómo mides el grado de humanidad?, ¿qué escala usas?, ¿por qué una es más válida que la otra?, ¿qué pasa si yo uso una distinta?, ¿soy menos humano?

Lo curioso es que salí con una sensación de Déjà vu, de “esto ya lo he vivido antes”. Efectivamente, la misma sensación me dejó la charla que nos hicieron sobre “Educación para la ciudadanía”. La materia donde te enseñan a ser ciudadanos buenos. Miembros respetables de la sociedad. Allí, se enseñan los valores de la democracia, el parlamentarismo, la libertad (económica) y otro montón de cosas. Pero, si no crees en la democracia y la consideras una forma de gobierno insulsa que lleva al borreguismo barato, ¿suspendes? Si no crees en la capacidad del pueblo de gobernarse a sí mismo, ¿vas a septiembre? Si es así, menos mal que yo no lo daré, porque me caería. Siempre fui de los que creyó que la frase “La democracia sustituye el nombramiento de una minoría corrompida por la elección hecha merced a una mayoría incompetente” era un fiel reflejo de la realidad.

Así que, ¿hasta qué punto pasó esa época oscura donde se usaba la educación para manipular las ideas políticas de los futuros ciudadanos? No puedo evitar preguntarme qué pensarían el resto si digo que soy un antidemocrático. No me censurarían, por supuesto, pero me suspenderían. ¿Una forma sutil de adoctrinar? Claro, yo puedo pensar lo que quiero, puedo decir lo que pienso, pero tengo que ser consciente de que eso me puede llevar a suspender. Si quiero ser aceptado en la sociedad, debo tener las mismas ideas que el resto. Parece que soy un ciudadano malo.

2009
09.16

Me prometí que no hablaría de temas personales en el blog. No por nada especial, sencillamente quería entradas generalizadas sin particularizar en ningún momento más allá de lo inevitable (es imposible desentenderse completamente de lo que uno siente en un momento dado). Pero hay un tema que últimamente me ronda por la cabeza y no hay forma de que consiga quitármelo. Así que os daré la tabarra con él intentando personalizar lo menos posible y sin dar más datos sobre mí de los necesarios, al fin y al cabo, no quiero ser para mis lectores mucho más que un conjunto de bits.

Veamos, este año empiezo la universidad (ya podéis saber mi edad, hala). Decidirme por una carrera me costó tres años de meditación. En principio barajé periodismo. Me pensé filología hispánica. Medité durante un año hacer economía o administración de empresas. Estuve a punto de meterme a filosofía y a un sólo paso de acabar en telecomunicaciones. Al final decidí que haría la doble titulación de Matemáticas+Informática. Pero finalmente entré a la Ingeniería Informática. Como veréis no tenía las cosas claras y sigo igual. A una semana de empezar las clases tengo claro que me gusta la carrera que haré y no dudo de que disfrutaré la hostia haciéndola, pero también estoy seguro de que no es a lo que me quiero dedicar.

Sí, como me leéis. No quiero trabajar en una empresa de picateclas dentro del sector de desarrollo, ni ser un muerdealmohadas de sistemas. No quiero meterme a profesor de secundaria a dar clases de mates o informática, que es otra de las salidas comunes. Otra opción sería acabar en el sector de la investigación, que lo sopecé mucho tiempo, pero tampoco me atrae lo suficiente, por no contar que en España no está suficientemente desarrollado ni de lejos. ¿Hacer un doctorado y trabajar en la uni?, otra alternativa que consideré y desheché, a pesar de que mi padre hace eso mismo (hala, otro dato personal dado). También estuve dándole vueltas a la opción de meterme en la brigada de delitos tecnológicos de la policía o a algún cuerpo de técnicos del ejército y durante mucho tiempo realmente pensé que esa era la alternativa definitiva. Pero no, por muy interesante que pueda llegar a ser eso, tampoco es lo que quiero hacer.

Y es que elegí hacer esa carrera como podría haber elegido cualquiera de las otras mencionadas, no la hago porque sea a lo que me quiero dedicar, sino que porque es algo que me encanta y poder estudiarlo me maravilla. Igual que hacer filosofía o economía. Pero, y después, ¿qué?, ¿trabajo en algo que no me atrae?, ¿y qué me gusta?, ¿por qué me tengo que decidir por algo?, ¿qué hago, pienso en mi futuro o en lo que me gusta? Mi propia filosofía de vida me prohibe hacer algo que sé que no me agrada, me censuro a mí mismo la posibilidad de no disfrutar con lo que quiero hacer, pero vuelvo a la pregunta del principio, ¿y luego qué?, ¿qué queda después del placer?

2009
07.30

Muchas veces pienso que el destino fue cruel. Nací en un tiempo que no me corresponde. Podría haberlo hecho a principios del siglo XIX y vivir el auge del romanticismo mientras disfruto del l’art per l’art y la hermosa sensación de hacer arte por el simple placer de crear belleza. Podría haberlo hecho a mediados de ese siglo y participar de las revoluciones burguesas en busca de libertad e igualdad. Podría, qué sé yo, haber nacido en la década de los 50′ y vivir la ensoñación y las ilusiones que hubo en esa época al son de The Doors o Pink Floyd. Pero vi la luz del mundo en los noventa y, en cambio, soy parte de la famosa generación pokemon. La generación de los conformismos y el consumismo.

No es que me sienta superior al resto, sino que simplemente distinto. Porque veo a los que me rodean y me encuentro con una oleada de gente que no tiene por qué luchar: total, ya tenemos el “gobierno del pueblo”, no hay guerras que nos afecten, no hay luchas religiosas y lo más importante: hay tele. Nos da todo igual, sabemos que estamos destruyendo nuestra propia sociedad y nuestra mejor solución es sentar cómodamente en el sofá a disfrutar en una pantalla de cuarenta pulgadas del inmenso gag televisivo que constituye el derrumbamiento del mundo y ahora sin cortes publicitarios. Qué más da si se acaba mientras tenga un sitio bueno desde el cual disfrutar del espectáculo. La futilidad y la banalidad se convirtieron en nuestra religión favorita. Nos da todo lo mismo, mientras tengamos en qué gastar el dinero. La sociedad del ocio nos está consumiendo.

Entonces, cuando un día te levantas y te das cuenta de todo esto, piensas: “La pucha, cuánta razón tenía Nietzsche”. Después de todo, su famoso nihilismo pasivo no es más que la predicción de que dejaremos que occidente se derrumbe desde sus cimientos, cruzados de brazos. Este gran médico de los problemas sociales creía que el problema está situado en su base: la moralidad que desde Zaratustra nos acompaña y de la que la religión católica es principal abanderada. Porque nos empeñamos en que todo sea blanco o negro, bueno o malo, ying o yang, izquierda o derecha… cuando en realidad, no esos extremos son irreales y en su lugar existen todas las cosas que se sitúan en medio, dentro y fuera de ellos.

Llevamos desde el siglo IV a.C. clasificando la realidad en una línea con sus dos puntas y generando una moral falsamente objetiva donde todo está subjetivizado, cuando en realidad el mundo es una gigantesca espiral con miles de puntas y rectas. Reducirlo de ese modo es simplemente acortar sus posibilidades y, en consecuencia, las nuestras. ¿Por qué tenemos que limitar nuestras expectativas de ese modo? Tener principios implica que también se tienen finales y todos esos principios y finales no son más que límites al fin y al cabo. Tenemos una sola vida y cada uno de los segundos de ella es único, ¿por qué desperdiciarlos con vallas absurdas?

Pero el doctor nos dio, además de un diagnóstico, una solución. Coger nosotros las mazas y derribar de una vez el fallido edificio de la sociedad occidental, antes de que se caiga por sí sólo sobre nosotros. Hay ocasiones donde la mierda es tanta dentro del palacio, que la mejor solución es tirarlo abajo. Decían en “Los destructores” (gran libro) que la destrucción es una forma de creación. Yo lo tengo claro, no pienso atar mi libertad de decisión a simplismos morales impuestos. Reniego del contrato social que nadie me preguntó si quería firmar y cambio toda esa seguridad que me ofrecen por la libertad que me quitan. Pienso destruir dentro de mí esa ética y construir de sus ruinas una que no me impida disfrutar mi existencia.

Y si luego, cuando muera, resulta que existe un Dios y me condena durante toda una eternidad al sufrimiento por disfrutar de mi vida, podría decir en el caso de que creyese en las divisiones éticas de bueno y malo, que ese ser todopoderoso es de todo menos benévolo. No sé si existe algo más allá, pero estoy seguro de que existe la vida aquí y sé que es finita, así que insulto a Zoroastro por condenar a la humanidad a vivir esclavizada a un dualismo moral absurdo durante nada menos que ocho milenios y me declaro ante la inquisidora mirada de todos como amoral. El bien y el mal me dan igual, a mí me importa todo lo demás. ¿Que puedo salir herido de esta postura?, por supuesto, pero el dolor es sólo un sentimiento más y sentir me hace humano y me acerca a la vida. ¿Que me puedo estar equivocando?, por supuesto, soy humano, pero yo corro ese riesgo bajo mi libertad y, al fin y al cabo, no conozco mejor modo de aprender que errar.

2009
07.12

Blog actualizado.

Pues eso, después de mucho tiempo con la versión 2.3 de Wordpress, hoy llegué a la conclusión de que era hora de actualizarme. No me costó mucho, la verdad que me esperaba algo más trabajoso teniendo en cuenta que el último es 2.8. De todos modos, hay algo que quedó pendiente: el theme, que no hubo manera de exportarlo. Así que no me quedará otra opción de aprovechar y cambiar de cara la apariencia del foro. Prometo tener algo pronto y que ya no tendréis que ver más esta apestosa apariencia.

Edito: Lavado de cara al blog con un nuevo theme. Lo único que me falta es hacerle un header bonico y ya estará perfecto.