2009
11.24

Os dejo con un relatillo que tenía guardado en algún lugar.

Sobre famélicos rocines y afiladas espadas

- ¡Acercaus, acercaus, sentaus en esas sillas que vacías allí esperan! ¡Sus voy a contar como mi señor y yo nos hicimos destos esbeltos corceles, destas afiladas e imponentes espadas y destas llenas bolsas de oro! Sus voy a contar una historia, vamos. ¿Pero qué esperáis?, ¿que sus traiga la sentadura cual noble? En menos de lo que un gallo canta pienso empezar y no penséis que sus voy a aguardar. Camarero, ¿ónde se supone que está mi cerveza?, todo buen contador precisa duna jarra de cerveza.

>> Bueno, bueno, puestos sobre la mesa los ingredientes pa una buena narración, es hora de empezar. Andábamos mi señor y yo por los caminos. Él es un hombre gallardo, aventurero nato. Sus mejores armas son su inteligencia y agudeza, afiladas cual hoja de plata. No me malinterpretéis, tiene presto su espada en mano si la hora de cortar cabezas llega, pero como dice siempre que se le pregunta: “Preferible es vaciar carteras a rasurar cabelleras”. Pos así íbamos, por la ruta que une dos ciudades del Imperio de importante comercio. No sus penséis que esta barriga que aquí veis me acompañaba por esos derroteros. Oh, vaya que si no. Estábamos tan famélicos y hambrientos como nuestros rocines, o quizá más ellos, pero eso no viene a cuento. Lo importante y con lo que sus tenéis que quedar, es que al finalizar esa noche a nuestro destino íbamos a llegar e íbamos en los güesos y por más que nuestros bolsillos al viento agitábamos, dellos ninguna moneda salía.

>> La noche por el camino era oscura y tenebrosa. La naturaleza nos acompañaba en nuestros pasos con su melodía. Espero que no oséis insinuar que eso nuestra gallardía minaría, oh, no, nada alejado más de la realidad. Teníamos, así como sus cuento, una tranquilidad natural, pues en circunstancias tales siempre nos vamos a encontrar, así que ni nos inmutaríamos cuando junto a un par de campesinos borrachos pasásemos o cuando un lobo a lo lejos aullara. Mi señor iba recto en su flaca montura mirando serio el horizonte en el momento en que dél se veía un carruaje pomposo de colores primaverales tirado por dos caballos de envidia y custodiado por sendos soldados. Su paso era lento hasta para nuestros famélicos rocines y prisa no parecían albergar. En eso, mi amo se va a girar y me va a mirar con una sonrisa pícara, desas que me pone cuando algún arriesgado y loco plan se le pasa por su bien amueblada cabellera. Va a hablar y así me va a dir, oíd atentos sus palabras:

>> – Querido compañero, una idea para desta situación salir se me acaba de ocurrir. Volvamos prestos en nuestros pasos, que contrarreloj vamos.

>> Y sin mediar más palabra y sin decirme qué buscaba, su montura va a girar para emprender al galope hacia atrás. Hasta los borrachos se encaminó y frente a ellos se situó, armado con una rama de haya que por allí hallase. En sus cabezas les pegó y las ropas les quitó, atándolos de pies y manos con unas cuerdas que siempre en su alforja lleva. Las vestimentas destos nos calzamos y a ellos las nuestras colocamos, después un pañuelo en el rostro para acompañar y nuestra identidad ocultar. Aluego, los rocines explotamos hasta casi matar por fora del camino para a la altura del carruaje llegar y prestos pasar. Con una de las monturas caída y ya sin ganas de levantar, a la pomposa compañía esperábamos. Cuando ésta a nosotros arribó, rápidos cual gacelas hacia ella saltamos, cuchillos en mano, rasgando la puerta de frágil tela que el interior protegía y poniendo un cuchillo en la garganta a la gruesa dama que ahí iba. Una vez cumplidos nuestros objetivos, mi amo la palabra va a tomar, saltando al exterior con la señora por delante y diciendo a los soldados que miraban entre temerosos y expectantes:

>> – Nos vais a dar prestos vuestras espadas y una de sus monturas, así como todo el oro que en la caravana llevéis, si no queréis que separe el cuello del cuerpo de esta mujer.

>> Sin gran dilación, cumplieron su petición y apenas unos segundos después nuestra nueva montadura hacíamos correr, los dos en una. Cuando paramos en el sitio donde dejamos a los campesinos y mientras nuestras ropas recuperábamos y la de ellos devolvíamos, le pregunté a mi señor el por qué de su decisión, pues si dos caballos podíamos coger, tanto mejor para nosotros. Él sabio como pocos, como ya sus habréis dado cuenta, me respondió con estas palabras, calcadas a las que ahora recitaré y escondiendo toda emoción durante su explicación:

>> – ¿No habéis visto, zoquete, -así demuestra él el apreció que me tiene- que mozos de alta alcurnia eran?, esa señora de seguro tiene un señor en la ciudad y ese señor de seguro no dejará el hecho así como así y una recompensa por los culpables pedirá. Y cuando antes lo hagan, mejor será. ¿Cómo lo van a hacer prestos sin montura que alerte al gordinflón?

>> Yo no acababa de entender por qué quería que rápido a nuestras cabelleras precio pusieran, pero como el tiempo me mostró, mi señor todo calculado lo tenía. Aquella noche la pasamos tiñendo los pelajes de los campesinos para que posean nuestro color con unos hierbajos que mi amo encontró. Yo cavilaba por lo bajo, considerando la posibilidad de que el hambre, por todos sabidos mala consejera, había hecho que mi señor perdiera la cordura que antaño caracterizaba a su cabellera y me lamentaba del funesto final que nos iban a propiciar si no nos apresurábamos a escapar y a la recompensa que a nosotros iban a asignar, prestos esquivar. Pero nadie atendió a mis sospechas y a la intemperie dormimos con los estómagos vacíos hasta que el alba a lo lejos se asomo y de nuestros sueños nos sacó.

>> Con la llegada del nuevo día, mi señor al galope hacia la ciudad se dirigía. A mí me dejaba al cuidado de los campesinos, que ya nada entendían. Cuando el Sol a su cénit llegó y yo delirios de hambre sufría, a lo lejos vi cómo su figura se aproximó. Grande fue mi alegría cuando vi que una sonrisa en el rostro tenía, así que presto me acerqué a ver si la buena nueva comida sería. Igual de grande fue mi desilusión, al ver el motivo de tal ensoñación: un cartel en la mano traía, atentus a lo que sus digo, en donde en letras grandes nuestra descripción venía y una gran cuantía por nuestras cabezas pedía. Yo soy un hombre simple, mis limitaciones conocía y roces con un noble no quería. Así que convencerlo intenté para que al galope huyásemos del inmenso mal que sobre nosotros nos cernía.

>> Pero también, al contrario de lo que sus pueda parecer, de poca voluntad suelo disponer y no sólo de huir me retracté, sino que mi señor de hacia la ciudad ir me convenció. Así que tomamos a los campesinos, de sus vidas les privamos y todos en el caballo montamos, los dos vivos y los dos no tanto, para ir al paso lento que nuestro corcel va a poder. Yo iba cabizbajo, meditando sobre este desparpajo y la hora de mi juicio esperando. Incluso me inventé un par de frases dramaticales que decir cuando me acorralen y antes de que maten, luego sus la contaré, si queréis. Nunca un hombre de grandes luces fui, pero destas no necesitaba para saber que a la boca del lobo me adentraba y no quería estar desprevenido cuando el enorme final llegara.

>> Así pues, a la gran ciudad llegamos. Describirla como aceptable sería pasarse de largo. Un montón de casas desechas eran, con un centro pomposo para los de los negocios lumbreras. A ese mismo centro nos dirigimos, a paso aguerrido, sin mediar palabra con los pueblerinos. Nos condujo mi señor hasta una mansión de maravilloso esplendor. Era grande y espaciosa y pintada con un chillón color rosa. Un jardín en la entrada tenía, al lado de un establo que lleno de caballos parecía. Imaginarus cuál mi terror fue al comprobar que un carruaje idéntico al que sufrió nuestro pillaje en la puerta se exhibía. Al instante quise mi corcel volver y presto en el horizonte desaparecer, pero soy un hombre de gran sentido del deber, tal como sus pueda parecer, y haciendo acopio de mi voluntad me contuve y en el sitio me mantuve, con la cabeza bien alta como si ningún crimen sobre mí pesara.

>> En eso, mi señor desmontó y con los cuerpos arrastrando al interior de la mansión se adelantó, por la servidumbre desta siendo dejado como si hubiese sido invitado. Yo seguí sus pasos, a uno de los difuntos tomando y mirando por lo bajo para todos lados, pues temía que con mi mirada ensuciaría los hermosos adornos que en toda la casa había. A un comedor llegó y entonces se paró, alzó la vista y miró. Una mesa de madera lustrosa había y detrás de ella un gordinflón hombre escribía. Sus atuendos eran de lustrosa tela y en sus dedos tenía brillantes y doradas ornamentas. Con detenimiento nos observó al asomar nosotros por la habitación, medio sonrió y a entrar nos invitó.

>> – Los cadáveres dejad en la entrada, no quiero que me manchen la sala. -Dijo a modo de recibimiento.- Lo que acordamos os daré y prestos os largaréis, que no tengo tiempo que perder. -A los cuerpos se aproximó y con detenimiento los miró y que a la descripción dada por su gruesa esposa se cernían confirmó.

>> – Mi señor, su enorme grandeza y poder nos conmueve, así que no tardaremos en hacer lo que nos ordene.- Respondió mi amo mientras dejaba lo de los campesinos quedaba en el suelo de la entrada.- Que nos honre con su presencia nos llena de placer, pero no querríamos que por nuestra culpa su preciado y productivo tiempo vayas a perder, así que en cuanto el trato considere cerrado, con la cabeza baja que corresponde a su majestuosa superioridad nos habremos marchado.

>> Una bolsa color marrón nos arrojó y mi amo en el aire la cogió. Hizo una breve y burlona inclinación y en sus pasos volvió. Cuando a la recta final llegábamos y sólo a unos metros de la puerta principal estábamos, de una de las puertas que a nuestros costados había, una gruesa señora por nosotros ya conocida salía, con las mismas ropas que anoche vestida. Al vernos, los ojos abrió como si a la muerte viese y con todo el poder de su garganta chilló hasta que casi los vidrios rompió, con uno de sus dedos de morcilla señalándonos y exclamando como alma que porta al diablo:

>> – ¡Ellos son!, ¡Ellos son!

>> Imaginarus la situación: el mercader gordinflón, con los restos de los campesinos a sus pies, asomado por la puerta de la habitación con cara de estúpida ensoñación; en la puerta un sirviente con los ojos abiertos miraba nos miraba como ajenos sujetos; la señora de gran anchura, temblando con premura gritaba, se desmaya, la consciencia recuperaba y la volvía perder para lo anterior repetir y, en una astuta táctica, intentarnos aturdir y nosotros en una encrucijada nos hallamos, a todos lados mirando y durante unos segundos, no reaccionando.

>> Como lógico sonará para vuesas mercedes, corriendo a más no poder salimos hacia el exterior tan prestos como pudimos, aprovechando la general estupefacción. Fora, al Sol del mediodía, un mozo de cuadras dos caballos con sus sillas vestía. Mi señor, sin un instante dudarlo, la espada de su vaina sacó y contra él embistió, su pecho y cuello cortando y casi una cabeza más bajo dejándolo. Antes de que un segundo pasara, a los corceles nos montamos y hacia el exterior al galope los arreamos para prestos de los guardias que no seguían escapar. Nuestras nuevas monturas durante dos días o más explotamos hasta casi matar. Al final, nuestros perseguidores la cacería abandonaron por habernos perdido sin remedio el rastro y aquí mesmo estamos, nuestra siguiente aventura maquinando.

8 comments so far

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  1. ¿No había leído ésto ya? ;)

  2. Sí, pero no lo había subido aquí. Y como hacía mucho que no actualizaba…

  3. Me ha gustado más al leerlo de nuevo, que cosas.

    Venga, a darle a la plumilla ;)

  4. Pos fíjate que a mí por ahora el que más me gustó cómo quedó es el del manzano.

  5. Nunca hubiera imaginado que escribieras cosas así, la verdad, me has sorprendido. Aunque a mí también me gustó más el relato del manzano, debo reconocer que no está nada mal, esa forma de hablar tan de la época está muy lograda.

    Espero que te vaya bien, saludos!

  6. Hombre, es que éste tiene su añico ya, es más viejo que el del manzano. Y se nota bastante la distancia que hay entre ambos, la verdad.

    Me va con exámenes, sin más.

  7. lo que yo queria, gracias

  8. интеретсно написано