2009
10.03

Siguiendo con la temática de ayer, el conocimiento, tengo ganas de postear una visión algo más general sobre la misma. Es algo en lo que pensé mucho y una imagen de la epistemología que por un motivo u otro siempre ronda mi cabeza. Concretamente, me hizo volver a pensar en esto un término que usé la entrada pasada: “red de mentes”. Me gusta imaginar la realidad como un conjunto de mundos que interactúan entre sí. Así, habría dos tipos: del primero sólo existe uno y podríamos llamarlo, “el mundo de lo real”, donde todo lo que hay es cierto, es mundo de los sucesos crudos y duros, sin ningún aditivo más. El segundo tipo tiene infinitos y son los “mundos de la mentira”, no creo que haga falta explicarlos, son aquellos que difieren del primero por un motivo u otro.

Cada uno de nosotros, de nuestras mentes, vivimos en un mundo de los del segundo tipo. Ninguno es igual entre sí y están todos en constante cambio. Todas las cosas que hacemos le afecta y lo modifica. Además, por cada uno de los objetos que hay en el mundo real, estos mundos de mentira tienen una imagen propia similar, pero modificada de un modo particular. Así, todos tenemos una imagen de las otras personas distinta a la que tiene el resto y la que es en el mundo original. Por otra parte, cada uno de los mundos tiene información propia referente al real que no tienen los otros y aquí es donde entra en juego la relación que hay entre ellos: cada mundo da al exterior unos datos, es decir, cada vez que oímos a alguien o lo vemos actuar, sacamos información de estos.

Así, a medida que crecemos, vamos ampliando los horizontes de nuestro mundo, buscando una y otra vez intentar que sea una copia lo más fiel del original. Ése es nuestro objetivo, recopilar información de todos los lados posibles para conseguir aclarar todas nuestras dudas sobre la realidad. Por esto mismo, se puede decir que nuestros mundos están en constante movimiento y crecimiento, pero que no siempre eso nos hace acercarnos más al del primer tipo, sino que a veces los datos que extraemos de nuestro entorno son erróneos. En consecuencia, tendremos conocimientos falsos que exteriorizaremos a otros, generando un efecto bola de nieve de desinformación bastante interesante.

Y nuevamente volvemos a lo mismo, es imposible que uno de estos mundos llegue en algún momento a ser igual que el original. Así que sencillamente, éste en realidad no existe, perseguimos una ilusión vana todo el tiempo. Así que cabe preguntarse, si ese mundo primogenio no es más que una fantasía, ¿qué es real?, ¿qué es falso? Pues la respuesta es mucho más simple de lo que parece: todo es real. ¿Por qué es menos cierta la imagen que tiene de mi madre de la que tiene mi ex (bastante deteriorada, todo sea dicho) a pesar de ser las dos radicalmente distintas si ambas contienen una parte de verdad?, ¿por qué esas dos son menos ciertas que la imagen que yo tengo de mí mismo? En cuensecuencia, no puedo evitar preguntarme, ¿cuántos “yos” hay perdidos entre la multitud de mundos que conforman nuestra sociedad?, ¿se morirían todos conmigo?, ¿hasta cuánto perdurarán?, ¿mi mundo acabaría cuando lo haga mi mente? Y si es así, ¿adónde iría todo lo que fui recopilando hasta entonces?, ¿sencillamente se desvanecería en el caos que conforma el universo? Si este va a ser el resultado, ¿por qué seguir una y otra vez intentando imitar algo que realmente no existe para que luego todo nuestro esfuerzo se deshaga sin más?

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  1. Me gusta tu rfeflexión. está en consonancia con las nuevas teorías de Redes distribuidas.