2009
12.03

Como de costumbre, me adhiero a cualquier iniciativa bloggera no excesivamente estúpida y ésta, no sólo no lo es, sino que además la considero de bastante relevancia.

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:

  1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
  2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
  3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
  4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
  5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
  6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
  7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
  8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
  9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
  10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.
2009
11.24

Os dejo con un relatillo que tenía guardado en algún lugar.

Sobre famélicos rocines y afiladas espadas

- ¡Acercaus, acercaus, sentaus en esas sillas que vacías allí esperan! ¡Sus voy a contar como mi señor y yo nos hicimos destos esbeltos corceles, destas afiladas e imponentes espadas y destas llenas bolsas de oro! Sus voy a contar una historia, vamos. ¿Pero qué esperáis?, ¿que sus traiga la sentadura cual noble? En menos de lo que un gallo canta pienso empezar y no penséis que sus voy a aguardar. Camarero, ¿ónde se supone que está mi cerveza?, todo buen contador precisa duna jarra de cerveza.

>> Bueno, bueno, puestos sobre la mesa los ingredientes pa una buena narración, es hora de empezar. Andábamos mi señor y yo por los caminos. Él es un hombre gallardo, aventurero nato. Sus mejores armas son su inteligencia y agudeza, afiladas cual hoja de plata. No me malinterpretéis, tiene presto su espada en mano si la hora de cortar cabezas llega, pero como dice siempre que se le pregunta: “Preferible es vaciar carteras a rasurar cabelleras”. Pos así íbamos, por la ruta que une dos ciudades del Imperio de importante comercio. No sus penséis que esta barriga que aquí veis me acompañaba por esos derroteros. Oh, vaya que si no. Estábamos tan famélicos y hambrientos como nuestros rocines, o quizá más ellos, pero eso no viene a cuento. Lo importante y con lo que sus tenéis que quedar, es que al finalizar esa noche a nuestro destino íbamos a llegar e íbamos en los güesos y por más que nuestros bolsillos al viento agitábamos, dellos ninguna moneda salía.

>> La noche por el camino era oscura y tenebrosa. La naturaleza nos acompañaba en nuestros pasos con su melodía. Espero que no oséis insinuar que eso nuestra gallardía minaría, oh, no, nada alejado más de la realidad. Teníamos, así como sus cuento, una tranquilidad natural, pues en circunstancias tales siempre nos vamos a encontrar, así que ni nos inmutaríamos cuando junto a un par de campesinos borrachos pasásemos o cuando un lobo a lo lejos aullara. Mi señor iba recto en su flaca montura mirando serio el horizonte en el momento en que dél se veía un carruaje pomposo de colores primaverales tirado por dos caballos de envidia y custodiado por sendos soldados. Su paso era lento hasta para nuestros famélicos rocines y prisa no parecían albergar. En eso, mi amo se va a girar y me va a mirar con una sonrisa pícara, desas que me pone cuando algún arriesgado y loco plan se le pasa por su bien amueblada cabellera. Va a hablar y así me va a dir, oíd atentos sus palabras:

>> – Querido compañero, una idea para desta situación salir se me acaba de ocurrir. Volvamos prestos en nuestros pasos, que contrarreloj vamos.

>> Y sin mediar más palabra y sin decirme qué buscaba, su montura va a girar para emprender al galope hacia atrás. Hasta los borrachos se encaminó y frente a ellos se situó, armado con una rama de haya que por allí hallase. En sus cabezas les pegó y las ropas les quitó, atándolos de pies y manos con unas cuerdas que siempre en su alforja lleva. Las vestimentas destos nos calzamos y a ellos las nuestras colocamos, después un pañuelo en el rostro para acompañar y nuestra identidad ocultar. Aluego, los rocines explotamos hasta casi matar por fora del camino para a la altura del carruaje llegar y prestos pasar. Con una de las monturas caída y ya sin ganas de levantar, a la pomposa compañía esperábamos. Cuando ésta a nosotros arribó, rápidos cual gacelas hacia ella saltamos, cuchillos en mano, rasgando la puerta de frágil tela que el interior protegía y poniendo un cuchillo en la garganta a la gruesa dama que ahí iba. Una vez cumplidos nuestros objetivos, mi amo la palabra va a tomar, saltando al exterior con la señora por delante y diciendo a los soldados que miraban entre temerosos y expectantes:

>> – Nos vais a dar prestos vuestras espadas y una de sus monturas, así como todo el oro que en la caravana llevéis, si no queréis que separe el cuello del cuerpo de esta mujer.

>> Sin gran dilación, cumplieron su petición y apenas unos segundos después nuestra nueva montadura hacíamos correr, los dos en una. Cuando paramos en el sitio donde dejamos a los campesinos y mientras nuestras ropas recuperábamos y la de ellos devolvíamos, le pregunté a mi señor el por qué de su decisión, pues si dos caballos podíamos coger, tanto mejor para nosotros. Él sabio como pocos, como ya sus habréis dado cuenta, me respondió con estas palabras, calcadas a las que ahora recitaré y escondiendo toda emoción durante su explicación:

>> – ¿No habéis visto, zoquete, -así demuestra él el apreció que me tiene- que mozos de alta alcurnia eran?, esa señora de seguro tiene un señor en la ciudad y ese señor de seguro no dejará el hecho así como así y una recompensa por los culpables pedirá. Y cuando antes lo hagan, mejor será. ¿Cómo lo van a hacer prestos sin montura que alerte al gordinflón?

>> Yo no acababa de entender por qué quería que rápido a nuestras cabelleras precio pusieran, pero como el tiempo me mostró, mi señor todo calculado lo tenía. Aquella noche la pasamos tiñendo los pelajes de los campesinos para que posean nuestro color con unos hierbajos que mi amo encontró. Yo cavilaba por lo bajo, considerando la posibilidad de que el hambre, por todos sabidos mala consejera, había hecho que mi señor perdiera la cordura que antaño caracterizaba a su cabellera y me lamentaba del funesto final que nos iban a propiciar si no nos apresurábamos a escapar y a la recompensa que a nosotros iban a asignar, prestos esquivar. Pero nadie atendió a mis sospechas y a la intemperie dormimos con los estómagos vacíos hasta que el alba a lo lejos se asomo y de nuestros sueños nos sacó.

>> Con la llegada del nuevo día, mi señor al galope hacia la ciudad se dirigía. A mí me dejaba al cuidado de los campesinos, que ya nada entendían. Cuando el Sol a su cénit llegó y yo delirios de hambre sufría, a lo lejos vi cómo su figura se aproximó. Grande fue mi alegría cuando vi que una sonrisa en el rostro tenía, así que presto me acerqué a ver si la buena nueva comida sería. Igual de grande fue mi desilusión, al ver el motivo de tal ensoñación: un cartel en la mano traía, atentus a lo que sus digo, en donde en letras grandes nuestra descripción venía y una gran cuantía por nuestras cabezas pedía. Yo soy un hombre simple, mis limitaciones conocía y roces con un noble no quería. Así que convencerlo intenté para que al galope huyásemos del inmenso mal que sobre nosotros nos cernía.

>> Pero también, al contrario de lo que sus pueda parecer, de poca voluntad suelo disponer y no sólo de huir me retracté, sino que mi señor de hacia la ciudad ir me convenció. Así que tomamos a los campesinos, de sus vidas les privamos y todos en el caballo montamos, los dos vivos y los dos no tanto, para ir al paso lento que nuestro corcel va a poder. Yo iba cabizbajo, meditando sobre este desparpajo y la hora de mi juicio esperando. Incluso me inventé un par de frases dramaticales que decir cuando me acorralen y antes de que maten, luego sus la contaré, si queréis. Nunca un hombre de grandes luces fui, pero destas no necesitaba para saber que a la boca del lobo me adentraba y no quería estar desprevenido cuando el enorme final llegara.

>> Así pues, a la gran ciudad llegamos. Describirla como aceptable sería pasarse de largo. Un montón de casas desechas eran, con un centro pomposo para los de los negocios lumbreras. A ese mismo centro nos dirigimos, a paso aguerrido, sin mediar palabra con los pueblerinos. Nos condujo mi señor hasta una mansión de maravilloso esplendor. Era grande y espaciosa y pintada con un chillón color rosa. Un jardín en la entrada tenía, al lado de un establo que lleno de caballos parecía. Imaginarus cuál mi terror fue al comprobar que un carruaje idéntico al que sufrió nuestro pillaje en la puerta se exhibía. Al instante quise mi corcel volver y presto en el horizonte desaparecer, pero soy un hombre de gran sentido del deber, tal como sus pueda parecer, y haciendo acopio de mi voluntad me contuve y en el sitio me mantuve, con la cabeza bien alta como si ningún crimen sobre mí pesara.

>> En eso, mi señor desmontó y con los cuerpos arrastrando al interior de la mansión se adelantó, por la servidumbre desta siendo dejado como si hubiese sido invitado. Yo seguí sus pasos, a uno de los difuntos tomando y mirando por lo bajo para todos lados, pues temía que con mi mirada ensuciaría los hermosos adornos que en toda la casa había. A un comedor llegó y entonces se paró, alzó la vista y miró. Una mesa de madera lustrosa había y detrás de ella un gordinflón hombre escribía. Sus atuendos eran de lustrosa tela y en sus dedos tenía brillantes y doradas ornamentas. Con detenimiento nos observó al asomar nosotros por la habitación, medio sonrió y a entrar nos invitó.

>> – Los cadáveres dejad en la entrada, no quiero que me manchen la sala. -Dijo a modo de recibimiento.- Lo que acordamos os daré y prestos os largaréis, que no tengo tiempo que perder. -A los cuerpos se aproximó y con detenimiento los miró y que a la descripción dada por su gruesa esposa se cernían confirmó.

>> – Mi señor, su enorme grandeza y poder nos conmueve, así que no tardaremos en hacer lo que nos ordene.- Respondió mi amo mientras dejaba lo de los campesinos quedaba en el suelo de la entrada.- Que nos honre con su presencia nos llena de placer, pero no querríamos que por nuestra culpa su preciado y productivo tiempo vayas a perder, así que en cuanto el trato considere cerrado, con la cabeza baja que corresponde a su majestuosa superioridad nos habremos marchado.

>> Una bolsa color marrón nos arrojó y mi amo en el aire la cogió. Hizo una breve y burlona inclinación y en sus pasos volvió. Cuando a la recta final llegábamos y sólo a unos metros de la puerta principal estábamos, de una de las puertas que a nuestros costados había, una gruesa señora por nosotros ya conocida salía, con las mismas ropas que anoche vestida. Al vernos, los ojos abrió como si a la muerte viese y con todo el poder de su garganta chilló hasta que casi los vidrios rompió, con uno de sus dedos de morcilla señalándonos y exclamando como alma que porta al diablo:

>> – ¡Ellos son!, ¡Ellos son!

>> Imaginarus la situación: el mercader gordinflón, con los restos de los campesinos a sus pies, asomado por la puerta de la habitación con cara de estúpida ensoñación; en la puerta un sirviente con los ojos abiertos miraba nos miraba como ajenos sujetos; la señora de gran anchura, temblando con premura gritaba, se desmaya, la consciencia recuperaba y la volvía perder para lo anterior repetir y, en una astuta táctica, intentarnos aturdir y nosotros en una encrucijada nos hallamos, a todos lados mirando y durante unos segundos, no reaccionando.

>> Como lógico sonará para vuesas mercedes, corriendo a más no poder salimos hacia el exterior tan prestos como pudimos, aprovechando la general estupefacción. Fora, al Sol del mediodía, un mozo de cuadras dos caballos con sus sillas vestía. Mi señor, sin un instante dudarlo, la espada de su vaina sacó y contra él embistió, su pecho y cuello cortando y casi una cabeza más bajo dejándolo. Antes de que un segundo pasara, a los corceles nos montamos y hacia el exterior al galope los arreamos para prestos de los guardias que no seguían escapar. Nuestras nuevas monturas durante dos días o más explotamos hasta casi matar. Al final, nuestros perseguidores la cacería abandonaron por habernos perdido sin remedio el rastro y aquí mesmo estamos, nuestra siguiente aventura maquinando.

2009
11.15

Segunda parte.

El manzano, tercera parte


- ¡Sabía que utilizaría esa falacia para intentar tirar por tierra mi argumentación! -Exclamó exultante nada más oírla.- Permítame aprovechar esta oportunidad para expresarle con detalle mi teoría sobre los el “amor” -su voz al pronunciar la palabra tenía una extraña mezcla entre incomodidad y tono burlón:- No es más que una reacción química de nuestro cerebro ante nuestro despertado instinto de reproducción, con una persona concreta como objetivo. Digamos, de un modo general, una excusa romántica, bonita y clericalmente bien vista para perpetuar la especie. Una forma de expresar nuestros más bajos impulsos de un modo menos animal y más humano.

Ella guardó silencio un rato durante un rato ni bien acabó. Parecía estar terminando de digerir las palabras que acababa de oír y calculando las siguientes que iba a soltar. Al cabo de unos segundos, tragó silenciosamente saliva y le respondió apaciblemente mientras entrecerraba los ojos:

- Bueno, suponiendo que su teoría sea válida… -comenzó.

- Que lo es, créame.- Le interrumpió casi inconcientemente.

- Suponiendo que su teoría sea válida -retomó con más aplomo que la primera vez,- ¿cómo llamaría entonces lo que ella le provoca? No me dirá ahora que simplemente despierta su instinto reproductor.

Él se mantuvo callado otra vez. En esta ocasión, al contrario que las otras, se mantuvo completamente quieto en la posición que se encontraba. Miraba el techo con ojos perdidos y cada tanto volvía a mordisquearse el labio inferior. Sus brazos seguía extendidos a los costados. Tenía las cejas fruncidas y la boca en tensión.

- No. Desde luego no es sólo eso. -Dijo al cabo de un rato.- Pero vamos, nada de esto tiene que ver con lo de mi trabajo. Tampoco hace falta darle mayores vueltas a todo esto.

- No se preocupe, aún tenemos tiempo de sobra, si eso es lo que le preocupa.

- Es usted insistente, eh. No hay forma de hacerla entrar en razón. -Resopló con cierto enojo.- Pues como desee, al fin y al cabo, es usted la experta. -Silenció de nuevo. Cada vez mordía con más fuerza.- Sí, supongo que hay algo más, no sabría exactamente cómo definirlo. De hecho, es curioso, porque igual que no puedo programar como antes, últimamente hago con más facilidad otras cosas.

- ¿Por ejemplo? -Le preguntó luego de que estuviese callado durante un rato largo.

- Oh, bueno, es una tontería. No creo que tenga importancia. -Su rostro comenzó a teñirse de un ligero rubor.

- Me asombra la facilidad y seguridad con que le quita valor a estos datos. ¿A usted no?

- Sus padres de pequeña no le negaban nada, ¿verdad? -Contestó malhumorado.- En fin, tendré que doblegarme, una vez más, a sus deseos: como le comenté la sesión pasada, últimamente me resulta notablemente más fácil construir rimas y poesías. De hecho, en el viaje hasta aquí hice un par.

- ¿Sí?, ¿le molesta que los vea?

- Negarme no servirá de nada, ¿a que no? -Agitó la mano derecha sin dejarla contestar.- Ahora se los muestro, no pienso gastar energías en una batalla perdida de antemano.

Se inclinó hacia la izquierda y tomó la chaqueta gris que había dejada apoyada en el suelo a su lado. A continuación, rebuscó entre los bolsillos hasta sacar una hoja amarillenta donde se podían ver un montón de inscripciones hechas en una letra particularmente fea. Se la extendió a la analista, aprovechando para ver su rostro y encontrarlo tan imperturbable como la última vez. Ella lo tomó y comenzó a leerlo para adentro.

- Vaya. -Se limitó a comentar al cabo de un rato, para dar a entender que había acabado.

- ¿A que son buenos? -Preguntó exultante.- Siempre tuve facilidad para el arte, todo sea dicho. De hecho, mientras esperaba, se me ocurrió otro en honor al inepto de mi jefe. ¡Ja! ”Inteligencia artificial”, lo titularé. Es un buen nombre, bien irónico.

- Sí, desde luego me ha dejado sin palabras. Sin embargo, hay un par de cosas puntales que me gustaría comentarle. Si no le importa, le leo el primero, “Cálculo indiferencial”:

Como si de una función constante se tratase

y ésta desapareciese al derivarse,

tu indiferencia en cero me convierte

y sin duda mi copa su esperanza pierde.

¡Calcula la pendiente de mi recta tangente,

pero no olvides la integración consiguiente!

>> En concreto, el cuarto verso me desconcierta. “Y sin duda mi copa sus sentido pierde”. La verdad, me cuesta comprenderlo. Supongo que el motivo está en que lo lógico hubiese sido en vez de copa usar la palabra corazón, ¿no le parece?

- ¡Para nada! -Sonaba casi ofendido.- Eso me da a entender que usted no ha entendido el chascarrillo que hay oculto en esa frase. Si se fija, al sumar los números que representan en el alfabeto las letras de la copa, es decir dieciséis, diecisiete, tres y uno, da treinta y siete. Además, esa es la quinta palabra que hay en el verso. ¿Cuánto da cinco más treinta y siete?

- ¿Cuarenta y dos?

Ni bien lo mencionó, él comenzó a reírse a carcajadas. Ella lo miraba sorprendida alzando levemente las cejas y sujetando la hoja con los poemas en la mano derecha, que estaba apoyada sobre sus piernas cruzadas.

- ¿No lo entiende? -Preguntó sorprendido al ver cómo era el único en reaccionar al chiste.- ¿Tantas novelas en esa biblioteca y no ha leído ”La guía del autoestopista intergaláctico”? No me lo puedo creer, es una lectura mucho más placentera que todos esos libros de Freud. -Alzó las manos al cielo y maldijo varias veces de un modo teatral.- En fin, como le decía -soltó de repente recobrando la compostura-, en él se construye una máquina llamada ”Pensamiento profundo” cuyo fin sería descubrir el sentido de la vida, el Universo y todo eso. Pues bien, luego de siete millones y medio de años trabajando, llegó a la conclusión de que la respuesta era ¡cuarenta y dos!

- ¿Cuarenta y dos? -Repitió sin poder ocultar que estaba extrañada.

- Claro, esa era la respuesta, el verdadero problema era que nadie sabía la pregunta. -Le contestó con una sonrisa triunfal en el rostro.- Hay gente que le gusta poner en sus poemas juegos de palabras, yo prefiero los juegos de números.

- Comprendo. -Le respondió sin compartir su emoción.- ¿Y qué me dice del segundo, ”Bucle infinito”?

Me encantaría saber quién programó mi cerebro

y en la lógica del bucle principal olvidó considerar

lo que pasaría si en patos me pongo a pensar

¡cómo podría evitar caer una y otra vez en el mismo pensamiento!

>> ¿Patos?, ¿no le parece un poco absurdo dado el tono del poema? Quizá, “en ti” hubiese quedado mejor.

Soltó un bufido exasperado moviendo la cabeza de izquierda a derecha y alzando las manos al cielo.

- No creo que sea tan difícil de entender. Las posiciones de las letras de pato en el alfabeto son diecisiete, uno, veintiuno, dieciséis y veinte, que dan setenta y cinco. El título del poema tiene trece letras, sumado al número anterior, son ochenta y ocho. Si consideramos que son cuatro versos, ochenta y ocho entre cuatro da nada más y nada menos que veintidós. ¿A que es ingenioso?

- Los dos patitos. Desde luego, bastante original. Y esclarecedor, ¿no le parece?, ¿por qué intenta camuflar lo que siente con un humor y una lógica matemática de lo más absurdos? -Soltó de repente.

Él calló. Había dejado de morderse el labio y ahora tenía los dos apretados, en tensión. Su mano derecha se había cerrado en un puño y la izquierda golpeteaba insistentemente el diván. Tenía sus diminutos ojos entrecerrados, mirando con fijación aquel punto en el techo que tanto le llamaba la atención.

- Yo no escondo nada. -Dijo de repente con voz seca.- Sólo que… -titubeó durante un instante- no lo entiendo. Le doy mil vueltas y no lo entiendo. No diga nada -se adelantó en cuanto escuchó cómo ella tomaba aire para hablar,- seguramente comenzará a decirme que estoy enamorado. Pero me gustaría que recuerde mi teoría al respecto, comprendo que aún no lo haya encajado del todo, debe ser difícil.

- Desde luego -le respondió al instante,- es duro que venga alguien y tire por tierra la teoría en que has basado toda tu vida.

- Tengo la ligera intuición de que no estamos hablando de la misma persona. -Comentó torciendo la boca hacia la derecha. Ella sonrió ligeramente.

Nuevamente se hizo el silencio entre ellos. Él comenzó de nuevo a morderse el labio, mientras la analista permanecía impasible. Parecía tener la mente fuera de la consulta, en algún lugar a bastante distancia. De vez en cuando golpeaba los dedos contra el diván o murmuraba alguna frase frustrada.

- Puede que usted tenga algo de razón. -Reconoció al final.- Quizá simplemente deba afrontar eso. Aunque no lo entienda. Quizá no tenga que entenderlo, ¿para qué? -Calló de nuevo y siguió mirando el techo, esta vez con una extraña determinación en la mirada.- ¿Sabe qué? Cuando la vea, cogeré y le explicaré que provoca en mi cerebro algún tipo de reacción química, despertando mi instinto reproductor y generando algunos extraños impulsos nerviosos que aún no puedo explicar. Sí, eso es lo que debo decirle.

- Desde luego, le deseo suerte. -Le contestó la analista mientras pensaba en que lo más probable es que necesitase más bien un milagro.

2009
11.14

Primera parte

El manzano, segunda parte.

No lograba entender por qué estaba allí de nuevo. La primera sesión no es que haya sido especialmente reparadora y él no era precisamente una persona que disfrutase tirando el dinero a la basura como estaba haciendo ahora. Pero por algún extraño designio divino había resuelto volver. No lo entendía y eso le frustraba. Así que ahí se encontraba, recostado de nuevo sobre el diván de la sala, con las manos cruzadas por encima de su vientre y la vista fija en el techo. Se sentía confuso, siempre se sentía así cuando cualquier cosa lo frustraba y no comprender algo realmente lo hacía.

- La semana pasada nos quedamos en el problema que tiene usted con las manzanas. -Retomó ella haciendo un innecesario alarde de su memoria. Maldijo para sus adentros, guardaba la vana esperanza de que no se acordase.

- No tengo ningún problema con las manzanas. -Dijo rotundamente.- Son un fruto muy respetable, a su modesta manera: lleno de vitaminas, con una forma elegante y un sabor refinado. Sin contar su asociación al pecado original, algo que le da un cierto morbo extra.

- ¿Sí? Pues me parece recordar que la semana pasada aseguró sentir aversión hacia ellas. -Apenas mutó sus gestos mientra hablaba. Sin duda era toda una profesional.

- No me malinterprete. Con quienes tengo problemas es con los que las consumen.

Esta vez la analista se encontraba en el escritorio. Un rumor suave de hojas daba a entender que estaba ordenando sus alborotados papeles. Se oyó un golpeteo contra la madera y luego cómo un cajón se abría para luego cerrarse. Él seguía con la vista clavada en el techo mientras ella dejaba su posición para sentarse en la silla que había detrás de su cabeza. Como la última vez, se cruzó de piernas elegantemente y se ajustó las gafas con la mirada clavada en su paciente.

- Explíqueme eso, por favor. -Le pidió al cabo de un instante de silencio con tono neutro.

- La verdad, no sabría cómo hacerlo. -Respondió luego de meditar pacientemente durante un rato.- Es una cosa difícil de expresar con palabras.

- Íntentelo. Puede probar con un ejemplo, si le es más fácil.

- Mmmh… de acuerdo. -Removió su espalda y se comenzó a mordisquear el labio inferior, por la piel seca de éste, parecía ser algo común en él.- Creo que tengo un recuerdo idóneo para describirlo. Yo debía tener unos… ¿siete años? No mucho más. Mi hermana, al ser dos menor, cinco. Me había pasado toda la mañana haciendo una torre con las cartas. De esas que se forman usando como base para cada piso grupos de dos cartas inclinadas horizontalmente. Pues había llegado hasta el séptimo. Acababa de poner la última pirámide y me sentía satisfecho. Había realizado un hermoso monumento al orden, tan perfecto, tan matemático. Decidí que algo así no se podía perder sin más y salí corriendo en busca de mi cámara fotográfica. ¿A que no sabes qué me encontré cuando volví? -Preguntó girando su rostro hacia la analista.

- Me lo imagino. -Respondió con un deje de sequedad.

- Todas las cartas en el suelo. Mi esfuerzo de horas en construir aquella maravillosa estructura geométrica se había hecho añicos en medio segundo. Y ella estaba de pie al lado de sus ruinas con una manzana en la mano. -Su rostro reflejaba una rabia e impotencia tan vivas que casi parecía estar viviendo de nuevo la misma situación.- Y lo peor de todo no era eso. No, claro que no. Lo peor de todo, es que al verla ahí, sonriendo tan alegre e inocentemente de su travesura, fui incapaz de hacer otra cosa reírme con ella. No podía regañarle, sencillamente no podía. -Alzó los brazos sólo para luego dejarlos caer con pesadez sobre el sofá y suspirar apesumbrado.

- A veces el orden está sólo para ser derribado. -Apuntó apoyando el codo derecho en el respaldo de la silla y sosteniendo ligeramente su cabeza con la mano.

- Esa frase pseudofilosófica no tiene ningún sentido. -Le contestó rotundamente.

Ella soltó un suspiro apagado y balanceó la cabeza horizontalmente, mientras se arreglaba el dobladillo de su pantalón. Él continuaba mordisqueándose el labio. De vez en cuando echaba la mirada hacia atrás e intentaba, lo más disimuladamente posible, ver qué estaba haciendo la analista.

- Volviendo a tu recuerdo. -Dijo ella luego de notar cómo su paciente estaba a un paso de romperse el cuello de tanto doblarlo.- ¿Debo suponer que ahora hay alguien con el papel de tu hermana que se encarga de derrumbar tu orden interno?

- Hombre, -respondió con cierto resquemor- yo en tu lugar dejaría de suponer tanto, porque quizá algún día esas aventuradas conjeturas te traigan un disgusto.

- ¿Ese ataque gratuito quiere decir que me estás dando la razón? -Le preguntó con tono neutro, pero con una sonrisa divertida en el rostro.

Mordió demasiado fuerte y notó como la sangre salía de su labio. No era la primera vez que le pasaba, desde luego, pero sí bastante molesto. Con cuidado, pasó el dedo índice de su mano derecha por encima, limpiándolo. Luego miró fijamente el color escarlata del que se había teñido y se lo restregó por el pantalón sin más contemplaciones. Suspiró mientras volvía a clavar la vista en el techo y, cuando ya se hizo ineludible la molesta pregunta, decidió responder.

- Bueno, puede que sí. Pero creo que debo recordarte el problema: me bloqueo al intentar hacer mi trabajo. Y no sé qué tiene que ver ella con todo eso, la verdad, porque la conozco desde bastante antes de su comienzo.

- Ni yo. -Respondió inspeccionándose las uñas con detenimiento.- Pero si me hablas un poco de ella, quizá lo descubramos.

Gruñó sonoramente y volvió a la carga contra su labio. Mientras, intentaba decidir cómo afrontar lo que tendría que decir a continuación. La voz de la analista se volvía a cada pregunta más molesta y el hecho de que en esas sesiones no fuese más que eso, una voz sin rostro alguno, solo empeoraba las cosas. En vano intentaba tirar la cabeza hacia atrás para verla.

- Realmente, apenas la conozco. Si me preguntas cuántas cosas sé de su vida personal, dudo que lleguen a contarse con los dedos de una mano. -Comenzó mirando distraídamente el techo de la habitación.- No es muy alta, de hecho, contrasta bastante con mi metro ochenta. -Un extraño orgullo se desprendía de sus palabras al hablar de su estatura.- Siempre que la veo lleva una manzana en la mano, además. De todos modos, eso no es lo peor. No, desde luego que no. -Llegado a este punto, balanceaba la cabeza horizontalmente, indignado.- La mayoría de las veces me la encuentro durante mi paseo matutino por el parque y en todas las ocasiones, ella está con uno de esos disparadores de burbuja. ¡Burbujas!, ¿puede usted creerlo? -Se detuvo un segundo y espero pacientemente a que la analista se muestre de acuerdo con su consternación. Al no obtener ninguna respuesta, decidió seguir.- Es tan… infantil, tan inocente, tan ¿ingenuo?, que no lo entiendo. -La última frase la escupió con lentitud.

Nuevamente guardó silencio. Había dejado por fin su labio en paz y parecía sumergido en toda clase de reflexiones internas. De vez en cuando sacudía la cabeza y murmuraba frases inteligibles. Tenía las manos entrelazadas en el estómago y hacía golpear sus dedos gordos entre sí. Su pierna derecha esta apoyada encima de la izquierda y el pie se movía como un péndulo de un lado a otro. Al cabo de un rato se removió incómodo en el diván y aprovechó para mirar con disimulo a la analista, durante una milésima de segundo la vio, rígida como una roca sentada con las piernas cruzadas y la mirada clavada en él. Cuando volvió a estar recostado, tenía los brazos extendidos a ambos lados de su torso.

- Casi puedo oír lo que está pensando. -Dijo de pronto, rompiendo el silencio que se había impuesto.- Me llega hasta aquí el rumor de su cerebro, maquinando complicadas teorías de piscólogos y psiquiatras sobre todo lo que le acabo de decir. -Para adornar esta última parte, movió sus manos a la altura de la cabeza en gestos ligeramente burlones.- Así que antes de que me salga con alguna disparate que tire por tierra el naciente respeto que logró causar en mí (algo de lo que no muchos pueden alardear, créame), déjeme advertirle una cosa: si lo que piensa es que, por el motivo que sea, yo estoy enamorado de ella, o como quiera llamarle, déjeme decirle que se equivoca de cabo a rabo.

La analista alzó las cejas y miró a su paciente por encima de las bajas, hizo un cruce de piernas, llenando el silencio que se había hecho con el rumor de su pantalón, y le respondió con voz clara, tranquila y cargada de una extraña lógica.

- Parece estar usted demasiado a la defensiva. ¿Intenta convencerme a mí o sí mismo?

2009
11.13

Estuve ausente estos días porque me encontraba enfrascado en un nuevo relato que a continuación os iré poniendo. Como es un poco largo y no quiero aburrir, lo subiré en tres partes entre estos días. Agradezco a Mayfair que me ayudó con toda la puesta en escena, reconozco que hasta ahora no sabía nada sobre cómo funcionaba un psicoanálisis.

El manzano

- Le quiero advertir que no creo en esto. -Su voz, grave de por sí, sonaba contundente. Tenía la mirada fija en el techo mientras hablaba y no parecía dirigirse a nadie en especial.- De hecho, soy de los que no entienden por qué se le considera una ciencia. Pero no encuentro ninguna solución, ¿sabe?, y ya no sé qué hacer. A tiempos desesperados, medidas desesperadas, como dicen. Pero yo no creo en esto.

La única oyente que tenía en la sala se limitó a sonreír amablemente, sin hacer ningún comentario al respecto. Debía rondar los cincuenta años, era esbelta y con un corto cabello rubio cayéndole detrás de los hombros. Lucía gafas negras de patas gruesas, un jérsei verde discreto y unos pantalones vaqueros. Se encontraba cruzada de piernas, sentada en una rústica silla de madera. Todo eso lo sabía porque la había visto antes de recostarse en el diván. En cuanto lo hizo, ella desapareció de su campo de visión, colocándose a la altura de su cabeza. El ambiente estaba inundado por un olor reconfortante que él no sabía reconocer con exactitud.

- Me estoy volviendo loco. -Sintetizó al rato. Ella alzó las cejas, ligeramente sorprendida, pero siguió sin aportar nada al monólogo.- No me cree. Esta así de callada por eso, no cree que realmente me esté quedando majara. Piensa que exagero, ¿verdad? -Lanzó un suspiro apesumbrado e impotente, cruzó sus dedos a la altura de su estómago y cerró por un momento los ojos.- Yo también opinaba así al principio. Me decía, “no exageres, sólo es una época rara”. Y una mierda.

Naturaleza. Definitivamente, le evocaba naturaleza. Bosques, prados, algo así, pero no era capaz de especificar más sobre el olor que le invadía. Eso le producía sentimientos encontrados: por un lado, la sensación que provocaba le agradaba, pero, por otro, detestaba no entender algo. Lo desesperaba. Se removió inquieto en el diván y pasó su pierna izquierda por encima de la derecha. Miró a su escaso público por encima de las gafas, parecía distraída, casi pensando en otras cosas. Cada vez estaba más convencido de que perdía el tiempo. Pero no se iría. No después de haber pagado la sesión.

- Soy informático. Bueno, no, en realidad me licencié en matemáticas. Pero trabajo de informático, como la mitad de los que hicieron mi carrera. Estoy contratado por una empresa de desarrollo software y, modestia aparte, soy muy bueno en lo que hago. -Explicó concentrando su vista en el blanco techo, a juego con las paredes de la sala.- El otro día nos llegó un nuevo proyecto: tenemos que crear una aplicación de tratamiento de vídeos e imágenes 3D para una compañía de animación. Lo debemos hacer para la plataforma Apple. No es nada fuera de lo común ni especialmente complejo. Pero desde que nos lo asignaron, estoy bloqueado. Soy incapaz de hacer nada. Y no entiendo por qué. -Definitivamente, odiaba no entender las cosas.

Giró la cabeza a su derecha. En primer plano, había un escritorio, de madera lustrosa, con un ordenador portátil en una esquina, un conjunto de papeles aparentemente sin orden alguno en el medio y un lapicero negro con sólo un bolígrafo en la otra punta. Si alzaba los ojos, podía ver el comienzo de una extensa biblioteca apoyada sobre la pared que tenía frente a su cabeza. Intentó, en vano, conseguir adivinar el título de alguno. Si los alzaba aún más, conseguía distinguir la punta de los zapatos de la analista, ligeramente elevado del suelo, como si estuviese cruzada de piernas. Tampoco es que le importase, seguramente eran libros abstractos sobre psicología. Nada serio, realmente, pero su curiosidad siempre había sido grande.

- Lo interesante de todo esto, es que durante el resto del día sigo igual que siempre. Pero es llegar al trabajo, sentarme frente al proyecto y ¡zas! Me quedo bloqueado. Soy incapaz de escribir una sola línea. Mis compañeros ya no saben qué hacer.

En esta ocasión volvió la cabeza a su izquierda. Se encontró con un ventanal cerrado cubriendo casi toda la pared. A través de él, se podía ver la concurrida avenida que había cinco pisos más abajo. Los coches pasaban a una velocidad tan alta que apenas eran saetas de colores difusos ante sus ojos. A esa hora de la tarde, las seis aproximadamente, las calles estaban abarrotadas de gente yendo de un lado para otro y entrando y salido de las tiendas que decoraban el camino. Tanta actividad frenética lo abrumaba, dirigió su mirada de nuevo a la analista, sin saber exactamente dónde posarla. Menuda pérdida de dinero más tonta había hecho, desde luego.

- Sí, sólo entonces me pasa. -Parecía más bien estar retomando una conversación consigo mismo.- Todo el tiempo restante soy el mismo chicharachero de siempre. -Se removió inquieto en el sofá, no parecía especialmente cómodo. Levanto la espalda y pasó por debajo de ella su mano derecha, queriendo alisar los molestos pliegues del diván. -Sé que posiblemente me pida que asocie este fenómeno con algún cambio reciente que lo explique. -Dijo con cierto tono burlón después de un suspiro resignado, al ver cómo seguía su interlocutora sin emitir ninguna palabra.- Es lo que hacéis vosotros. Pero no hay ni hubo ningún cambio, mi vida es sencilla. Soy un hombre sencillo. -Exclamó con énfasis y volvió a mirar el techo.

- ¿Qué le hace pensar eso de mí?, ¿no habrá realmente, quizá, algo con que asociarlo? -Era las primeras palabras que pronunciaba en toda la sesión. Lo hizo con una voz un tanto débil, pero no por ello menos segura. No cambió nada en su posición mientras lo hacía.

- Claro que no, se lo acabo de decir. Yo no miento. -Le contestó contundente, mientras volvía a recostarse.

Ella alzó las cejas y un nuevo silencio se hizo entre los dos. Mientras la analista permanecía inmutable, él continuaba moviéndose a un lado y otro intentando encontrar la posición idónea. De vez en cuando tiraba los ojos hacia atrás intentando verla.

- Venga, vale, en algo sí mentí. -Dijo finalmente al tiempo que por fin se quedaba quieto. Estaba exactamente igual que al principio.- No sólo me pasa entonces. -Reconoció levantando la palma de las manos a la altura de su rostro.- A veces me sucede cuando voy de compras, por ejemplo. O cuando me despierto luego de tener algún sueño extraño. Pero son nimiedades, esas cosas no me importan. Me importa no ser capaz de hacer mi trabajo como antes. -Se puso a mover los labios en círculos mientras tamborilleaba los dedos sobre su estómago.

- ¿Y recuerda alguno de esos sueños?

- No. -Respondió casi indiferente al ritmo que marcaban sus manos.

- Si recuerda que soñado, debe recordar algo de su sueño. ¿Por qué no me habla de ello?

- ¿No le dije que no me los acuerdo? -Se sintió tan irritado ante la insistencia, que olvidó seguir golpeteando sus manos.- Sólo me viene a la memoria la figura de un árbol.

- ¿Cómo era el árbol?

- Grande. Monstruosamente grande y aterrador. Aunque sin dejar de ser algo majestuoso. Además de muy frondoso. -Resumió en unas pocas palabras que le salieron casi contra voluntad.- ¿Vio qué pareado?, últimamente las rimas me salen solas.

- ¿Y daba algún tipo de fruto?

- Pues fíjese que sí. Verde. Yo diría que peras. Manzanas quizá.

Nuevamente volvieron a estar en silencio. Ella lo miraba con atención, mientras él parecía estar distraído tarareando una canción, como ajeno al desarrollo de la sesión a la que hasta hace un momento parecía decidido a dar vida. En esta ocasión fue la analista quien retomó la conversación.

- Retomemos, pues, lo que tenemos hasta ahora que lo bloquea: Un sueño con un manzano, el mercado donde realiza sus compras y el proyecto que lo bloquean. ¿Qué punto común le encuentra a estas tres cosas?

Él se quedó en silencio durante un rato. Parecía algo nervioso, se removía de vez en cuando y no encontraba un sitio donde dejar las manos y que éstas no le molestasen.

- ¿Las manzanas, quizá? El logotipo de Apple, la fruta… -Insinuó finalmente.- Si lo sabe, ¿para qué me hace decirlo? -Su voz denotaba un deje de irritación. Luego de unos segundos sin decir más, comentó:- Siempre les tuve aversión, la verdad.

Ella sonrió y calló de nuevo. Hizo un elegante cruce de piernas, alzando un poco las manos sin despegarlas entre sí. Estiró su espalda antes de seguir hablando.

- Al principio de la sesión noté que olía con interés el aroma de la sala. -Dijo cambiando radicalmente el tema.- Uso un ambientador muy caro, ¿sabe? Dígame, ¿le gusta?

- Sí. -Respondió casi al instante.- Sí, supongo que sí.

- Pues es olor manzana. -Comentó inclinando ligeramente la cabeza hacia la izquierda y levantando los ojos para mirarlo por encima de las gafas.

- Fíjese que ahora ya no me agrada tanto. -Resopló al cabo de un rato de silencio.

- Ha acabado nuestra sesión por hoy, me parece. -Sonrió ella.

2009
10.27

“- A veces -dice Denny y se sobre la nariz- me parece

que quiero ser golpeado y castigado. No me importa

que ya no exista Dios, pero quiero seguir respetando

algo. No quiero ser el centro de mi Universo.”

Asfixia, Chuck Palahniu.

No fumo. No bebo. No consumo ningún tipo de droga. De hecho, considero que tengo un único vicio: el arte. Soy un asqueroso yonkie de arte. No puedo vivir sin mi libro semanal que leer (a veces tampoco sin escribir), sin una peli entretenida que ver, sin ir a ver un concierto de vez en cuando o escuchar un buen disco nuevo. Y como consumidor de arte que soy, conozco mis gustos y necesidades. Sé cómo me afectan según qué tipo de obra en mi estado anímico según mi humor. Por lo general, tiendo a, en vez de buscar armonía entre mis sentimientos, amplificar lo que siento. Por ejemplo, si estoy especialmente vitalista sé que escuchando a Hernan Oliva esa sensación se multiplicará. Últimamente me siento raro y con una extraña sensación de no saber qué hago, así que además de escuchar The Wall hasta la saciedad (concentrándome en Confortably Numb), decidí que me compraría Asfixia, del autor del Club de la lucha, cuyo libro y peli me encantaron, un nihilista pesimista declarado.

Y cada vez estoy más seguro de que no sé a dónde voy. La mayor parte de la sociedad ha decido matar a Dios. Estamos en una época que si por algo se caracteriza es por falta de fe. Ya no nos sirve de nada si tenemos un montón de productos que consumir insaciablemente, si tenemos un desarrollo científico que explique todo lo que nos rodea y el pensamiento racional se impuso sobre todos nosotros. ¿Para qué necesitamos una guía clerical? Si nos hablan de Dios, los mandamos a rezar, no queremos saber nada de promesas metafísicas y nos enterramos en lo material y físico. Pero se nos presenta un pequeño problema: el lugar que antes ocupaba nuestra deidad ahora está vacío. Ya no hay nada en el mundo aparte de nosotros y el resto y sólo podemos confirmar nuestra existencia. Estamos solos, pues asesinamos a nuestro ¿imaginario? guía. Y con algo tenemos que llenar el vacío que dejamos ante tan drástica decisión. Porque es inevitable, hemos acabado con nuestro salvador y volvemos a estar expuestos al peligro, ahora sin conssuelo de que algo más allá de nuestro entendimiento nos protegerá y completamente expuestos al exterior. ¿Quién nos salvará ahora?

¿Con qué acabamos ocupando ese espacio en blanco?, ¿con qué nos llenamos? Los personajes de Asfixia, con actitudes compulsivas: las drogas, el sexo, el peligro o el aislamiento en una realidad inventada (en este caso, la América colonial del siglo XVIII). Así consiguen sentirse de nuevo plenos, cuando tienen un orgasmo, están colocados, al borde de la muerte o esquilando una oveja, dejan por un segundo de estar solos en un mundo hostilmente racional. Por un segundo nada de todo lo demás importa. En conclusión, acabamos llenándonos con nada. Si convertimos esa necesidad en una pura “nada”, al final nuestra sensación de vacío desaparecerá. Una solución fácil para un problema complejo. Si consigues no pensar en el problema durante unos segundos, éste desaparece momentáneamente, ya no te molesta, no hay crisis existencial. Y resolvemos uno de nuestros inconvenientes. Pero seguimos perdidos y expuestos, seguimos necesitando ser salvados a cada segundo, necesitamos que alguien acuda a nuestra ayuda para poder quitarnos de encima esa molesta sensación. Y gritamos para ver si hay alguien fuera de nosotros mismos que pueda oírnos.

Así me siento últimamente. Vacío. ¿Con qué lo lleno?, ¿con los libros que leo cada semana?, ¿las películas que veo?, ¿la música que escucho?, ¿las matemáticas que cada vez me encandilan más? ¿Qué tengo que hacer para llenar el vacío existencial que me rodeo y dejar de ser el centro de mi propio Universo?, un Universo que, por ende, está tan falto de contenido como el resto de mí. ¿Dónde quedaron mis metas y sueños que antes, con la dulce inocencia de años anteriores, poblaban mi mente?, ¿desaparecieron, como dice Pink en Confortably Numb, cuando el niño interior creció?, ¿cuándo se quitó por fin la venda de la inocencia y vio la realidad?, ¿cuándo se dio cuenta de que el esfuerzo no garantiza nada y las promesas intrínsecas de maravillas que oía desde pequeño eran falsas?, ¿cuándo vio que realmente el esfuerzo no te garantiza nunca nada? Y lo que quizá sea más importante, ¿con qué se supone que tengo que llenarlo?, ¿con nuevos objetivos?, ¿objetivos míos o los que otros desean para mí?, ¿por qué no sé qué quiero para mí? Todos llevamos puesta una máscara con la que nos presentamos al mundo, pero ¿qué hay detrás de la mía?

2009
10.24

Una de las peores cosas que te puede pasar en la vida, es despertarte y darte cuenta de que no eres tú. De repente, ves tus actos y tus gestos, oyes tus palabras y pasos, hueles tu olor, te sientes y ya es imposible negarlo, aquel que habla con tu boca, gesticula con tu rostro, come con tu cuerpo o lee con tus ojos es otro. Al principio cuesta creerlo, como es lógico, al fin y al cabo, ¿quién espera ser relegado de sí mismo?, ¿cómo es eso? Así que intentas buscarle una explicación lógica: estás en un mal sueño, todo son imaginaciones tuyas o una simple exageración de un mal momento. Pasas días buscando escusas que justifiquen la situación mientras algún desaprensivo aprovecha y usa tu figura a su antojo.

Pero hay cosas que son innegables y tarde o temprano caes en la cuenta de que, lo quieras o no, las cosas son así. Ya no lo niegas, pero eso no quiere decir que no sigas buscándole un motivo. ¿Será culpa de algún alma vagabunda decidida a quitarte lo que es tuyo?, ¿un castigo divino por romper sus mandatos?, ¿¡un mago!? Al fin y al cabo, ahora todo te parece posible. Mientras dejas que todas estas cuestiones te inunden con una sensación de impotencia, comienza a despertar la ira, ahí afuera hay alguien que se encuentra usando tu cuerpo y lo peor de todo es que nadie se da cuenta. Ninguno es capaz de darse cuenta de que están hablando con el hombre equivocado, ése no eres tú, se parece y es innegable la igualdad física, pero te es imposible hacerte a la idea de que ninguna de las personas que te rodean te conozca lo suficiente como para caer en la cuenta de que no están contigo, sino con un mero impostor. Y lo único que puedes hacer es detenerte a mirar cómo actúa, atado de pies y manos.

Eso te lleva a más dudas. Si ellos no pueden percibirlo, ¿por qué ibas a poder tú?, ¿cuánto tiempo llevabas siendo el equivocado sin darte cuenta?, ¿desde cuándo?, ¿fue quizá después del accidente?, ¿antes de que ella llegase, de que se fuese o luego de que desaparezca?, ¿no habrá sido así desde el principio? Sientes una increíble desesperación asomar por cada uno de los poros de tu piel, has caído en la cuenta de que nunca fuiste tú mismo. Decides que es hora de tomar, de una vez por todas, las riendas de tu vida. Y comienzas a luchar con todas las fuerzas que te quedan contra aquel impostor que te ha usurpado el puesto. ¿Para qué?, ya es tarde. Al final sólo consigues agotarte y darte cuenta de que todos los intentos fueron en vanos. Iluso de ti, creías poder luchar contra esa fuerza superior que te había revocado de un puesto que quizá, nunca te habías merecido.

Porque al fin y al cabo, tanto que repites una y otra vez no ser tú, ¿sabrías decir, por el contrario, quién sí eres?, ¿qué eres?, ¿acaso lo que te gusta?, ¿lo que estudias?, ¿lo que necesitas?, ¿lo que lees?, ¿lo que escribes?, ¿lo que piensas?, ¿lo que anhelas? Y si, pese a todo, ¿no te gusta, ni estudias, ni necesitas, ni lees, ni escribes, ni piensas, ni anhelas nada?, ¿entonces eres sólo vacío? Si ni siquiera puedes responder a qué esperas de ti mismo, ¿cómo serás capaz de darte cuenta si eres lo que esperan de ti el resto?, ¿por qué sigues intentando catalogar tus acciones como ajenas cuando no sabes qué es tuyo? Pudiera ser que fuésemos nuestros sueños, nuestras metas y nuestros objetivos. Pero los sueños se fueron cuando creciste y dejaste de ser un niño, tus metas son difusas y no tienes objetivos claros. Entonces, ¿a qué te reduces?, ¿a una masa de carne que para colmo no está guiada por ti? Madura de una vez y asume las consecuencias.

Deja de darle vueltas innecesarias al asunto y resígnate de una vez a la realidad. ¿No te das cuenta? Él es mejor tú que tú mismo y nadie quiere conocer realmente tu verdadera cara, sólo la buena.

2009
10.07

Hace no mucho leí la siguiente iniciativa:

http://aldea-irreductible.blogspot.com/2009/10/la-ciencia-en-espana-no-necesita.html

Básicamente se trata de intentas entre todos los bloggers detener los recortes de presupuesto que el gobierno tiene pensado hacer en I+D en nuestro país.

No sé si los sabéis, pero mientras en otros países se invierte más de un 5% del producto interior bruto en investigación, desarrollo e innovación, en España no se llega al 3%. De hecho, una simple búsqueda en Google nos demostrará que en este país se invierte menos que en la empresa privada Ford. Increíble. Uno de los problemas estructurales que tiene la industria aquí es que, precisamente, no se invierte en investigación y nuestras empresas no son competentes con las del resto de países. Si a eso le sumamos que la relación empresa/universidad es nula, nos da como resultado que a pesar de estar viviendo la tercera revolución industrial, no somos capaces de hablar de tú a tú a otros países en términos de tecnología o ciencia. ¿Y cuál es la solución que propone el Gobierno frente a este problema? Recortar aún más el presupuesto que se invierte. Es de auténtica risa.

No sólo eso, los profesionales que sacan cada año las universidades de España, reconocidos mundialmente por cierto, si se quieren dedicar a cualquier trabajo que tenga que ver con la investigación y no se quieran ver sometidos a salarios escandalosamente bajos o condiciones deplorables, tienen que irse fuera. Estamos desaprovechando nuestra propia mano de obra, reconocida en otros países y en muchos casos con premios importantes, porque no somos capaces de invertir en algo que en un futuro no muy lejano nos será enteramente de utilidad. Cada día salen periódicos ensaltando a los grandes científicos e ingenieros que salen de nuestra cantera, pero lo que no dicen es que casi todos están currando en el extranjero porque aquí sería imposible que se dediquen a ello con las mismas prestaciones. ¿Cuál es la solución del Gobierno frente a este problema? Recortar aún más el presupuesto que se invierte. ¿Es o no es de risa?

En fin, sinceramente, espero que esta iniciativa prospere y nuestros dirigentes se replanteen la situación a tiempo.

2009
10.03

Siguiendo con la temática de ayer, el conocimiento, tengo ganas de postear una visión algo más general sobre la misma. Es algo en lo que pensé mucho y una imagen de la epistemología que por un motivo u otro siempre ronda mi cabeza. Concretamente, me hizo volver a pensar en esto un término que usé la entrada pasada: “red de mentes”. Me gusta imaginar la realidad como un conjunto de mundos que interactúan entre sí. Así, habría dos tipos: del primero sólo existe uno y podríamos llamarlo, “el mundo de lo real”, donde todo lo que hay es cierto, es mundo de los sucesos crudos y duros, sin ningún aditivo más. El segundo tipo tiene infinitos y son los “mundos de la mentira”, no creo que haga falta explicarlos, son aquellos que difieren del primero por un motivo u otro.

Cada uno de nosotros, de nuestras mentes, vivimos en un mundo de los del segundo tipo. Ninguno es igual entre sí y están todos en constante cambio. Todas las cosas que hacemos le afecta y lo modifica. Además, por cada uno de los objetos que hay en el mundo real, estos mundos de mentira tienen una imagen propia similar, pero modificada de un modo particular. Así, todos tenemos una imagen de las otras personas distinta a la que tiene el resto y la que es en el mundo original. Por otra parte, cada uno de los mundos tiene información propia referente al real que no tienen los otros y aquí es donde entra en juego la relación que hay entre ellos: cada mundo da al exterior unos datos, es decir, cada vez que oímos a alguien o lo vemos actuar, sacamos información de estos.

Así, a medida que crecemos, vamos ampliando los horizontes de nuestro mundo, buscando una y otra vez intentar que sea una copia lo más fiel del original. Ése es nuestro objetivo, recopilar información de todos los lados posibles para conseguir aclarar todas nuestras dudas sobre la realidad. Por esto mismo, se puede decir que nuestros mundos están en constante movimiento y crecimiento, pero que no siempre eso nos hace acercarnos más al del primer tipo, sino que a veces los datos que extraemos de nuestro entorno son erróneos. En consecuencia, tendremos conocimientos falsos que exteriorizaremos a otros, generando un efecto bola de nieve de desinformación bastante interesante.

Y nuevamente volvemos a lo mismo, es imposible que uno de estos mundos llegue en algún momento a ser igual que el original. Así que sencillamente, éste en realidad no existe, perseguimos una ilusión vana todo el tiempo. Así que cabe preguntarse, si ese mundo primogenio no es más que una fantasía, ¿qué es real?, ¿qué es falso? Pues la respuesta es mucho más simple de lo que parece: todo es real. ¿Por qué es menos cierta la imagen que tiene de mi madre de la que tiene mi ex (bastante deteriorada, todo sea dicho) a pesar de ser las dos radicalmente distintas si ambas contienen una parte de verdad?, ¿por qué esas dos son menos ciertas que la imagen que yo tengo de mí mismo? En cuensecuencia, no puedo evitar preguntarme, ¿cuántos “yos” hay perdidos entre la multitud de mundos que conforman nuestra sociedad?, ¿se morirían todos conmigo?, ¿hasta cuánto perdurarán?, ¿mi mundo acabaría cuando lo haga mi mente? Y si es así, ¿adónde iría todo lo que fui recopilando hasta entonces?, ¿sencillamente se desvanecería en el caos que conforma el universo? Si este va a ser el resultado, ¿por qué seguir una y otra vez intentando imitar algo que realmente no existe para que luego todo nuestro esfuerzo se deshaga sin más?

2009
10.02

Una de las preguntas que siempre me he hecho es si realmente existe la verdad como tal. Y hoy, a causa de un pequeño conflicto personal, he vuelto a cuestionarme esto. Antes de empezar a divagar sin rumbo fijo, prefiero aclarar términos para que todos estemos pensando en lo mismo: cuando digo “verdad” me refiero a cualquier cosa objetivamente cierta. Es decir, una creencia que es auténtica fuera de toda duda, la más cruda esencia de la realidad. Cuando digo mentira, me refiero a cualquier otra sentencia que tenga aunque sea una fracción de equívoca. Quiero dejar claro que son términos abstractos y que intento englobar con ellos todas las afirmaciones posibles, aunque en esta entrada lo centraré todo en un aspecto: la información.

Usemos una metáfora para ponernos a meditar: siempre me gustó pensar que el conocimiento es como el reflejo que vemos en un espejo. En él, nuestra imagen es el factor subjetivo de lo que conocemos, así, cuánto más espacio ocupamos, menos objetivo será lo que sepamos. Entonces, cuanto más nos acercamos a lo que queremos saber, cuantos más detalles ambicionamos encontrar, nuestra imagen más espacio cubrirá. Si no queremos esto, debemos alejarnos del espejo lo máximo posible, ir tan al fondo como seamos capaces y volver a mirar. Así, nosotros seremos muchos más pequeños en él y todo lo demás muchísimo más amplio. Pero todo tiene sus límites, es imposible ver todo lo que nos rodea, por ejemplo, y cuánto más queramos abarcar, con menos detalles veremos el reflejo. Además, nunca lograremos eliminar nuestra propia imagen de él, por más que nos esforcemos, es imposible sacudirnos de nuestra propia opinión y obtener una visión objetiva todo lo que haya.

Así que, ¿cómo podemos afirmar que existe algo objetivamente cierto, lo que sea? Cuando nos dicen un secreto, por ejemplo, para nosotros es veraz al cien por cien, pero algún otro que puede tener una imagen distinta del mismo y estará igualmente convencido de que es real. Ambos tendríamos motivos para creer que lo que sabemos es correcto, pero la información puede ser contradictoria entre sí. Si además no podemos conocer nunca todo, es evidente que nunca llegaremos a saber la verdad. Así que ya vamos avanzando, no sabemos si la verdad o la mentira son auténticas, pero sí sabemos que sólo sabemos mentiras con distintos grados de verdad. El siguiente paso sería cuestionarnos si es posible la existencia de algo que no somos capaces conocer: ¿Cómo sería concebible que haya algo que no podemos tocar (con el pensamiento, se entiende)?, ¿existe algo más allá de la red de mentes subjetivas?, ¿una sustancia inherente que podríamos llamar verdad? Yo soy nitzscheano, para mí todo lo que existe es alcanzable. Y lo que no lo es, sencillamente no existe. No nos engañemos con monstruos metafísico, las cosas reales se pueden tomar con las manos y con nuestro pensamiento.

Entonces, si no existe la verdad (y en consecuencia tampoco la mentira), ¿por qué nos apresuramos a condenar con una pequeña parte de toda la información que hay?, si sabemos que todas las afirmaciones tienen un sinfín de puntos de vista y de posibles interpretaciones, ¿por qué nos empeñamos en crear juicios teniendo sólo uno de todos esos hilos?, ¿por qué nos empeñamos en simplificar hasta lo absurdo todos los problemas que tenemos y nos da tan igual profundizar en ellos antes de hacer nada? Estoy seguro de que si todos nos esforzásemos en mirar al espejo desde todas las distancias posibles, analizando tanto los detalles como las ideas generales, antes de hacer nada de lo que luego podamos arrepentirnos, nuestras relaciones sociales serían mucho más fructíferas.